viernes, 29 de julio de 2011

Cuando te aburres por Benasque

Pues si, te puedes aburrir en Benasque, claro que si, como en cualquier otra parte. Da igual su casco histórico-artístico-románico-medieval, da igual su oferta gastronómica, e incluso da igual el que se encuentre encajonada entre los macizos de Posets, Maladeta y Aneto. Te puedes aburrir...sobretodo si te hospedas en un hotelito rural a 3 kms de la localidad (3 kilómetros cuesta arriba) sin otro medio de locomoción que tu bici de carbono autopropulsada por dos piernas unidas a un cuerpo machacado y éste, atado a una cabeza loca que solo piensa en subir, subir, subir...para luego bajar, bajar y bajar....FREEEEEENA.
Si vas acompañado por dos amigos de la infancia, conocidos como los Suprimos de Móstoles. Unos pesados del trekking extremo, de los marathones inhumanos y de los plátanos de canarias por docquier. No te queda otra que dejarlos atrás, montarte en la bici y explorar. Aunque explorar es más descubrir aquellos sitios donde tu vista no llega, y en este caso donde llega tu vista es donde llegas tu, y ni eso...
Fueron 3 días y dos noches, como esos viajes al Caribe, y gracias.
Viernes, 15:00. Comida ligera, maletas tiradas, ropa por el suelo, maillot, culotte, casco, gafas y crema solar. Subida a la Besurta. Madre mia si es que el hotel está en la misma carretera para subir a dicho puerto, a Cerler y a la madre que nos parió. Pues nada, cámara de fotos y a disfrutar. Subir a este alto, es acercarte a las faldas del Aneto, es adentrarte al corazón del Pirineo, es decir que en dos meses has estado en los dos balcones de la Penínsala Ibérica, Aneto y Veleta, en definitiva es dejarte el cuello de no parar de mirar las cumbres nevadas y las cascadas eternas.
Hablando de la subida, es tranquila en cuanto a pendiente que no en cuanto a tráfico, excesivo, 16kms al 5% y culminando a 1900 metros, siempre paralela al curso del rio Esera y dejando atrás el espectacular embalse del Paso Nuevo, y más abajo, los que denominan como los camping más peligrosos de Europa. Debido a que se encuentran en el mismo cauce del río, y con las tormentas de verano no te digo ná...por cierto, estamos a 29 de Julio. La mitad de dicha subida se hace por la A139, carreterilla ancha pero de asfalto rugoso y bacheado, con dos o tres tuneles sin iluminar, que en la bajada nos provocó un pequeño salto al vacío. La otra mitad de la subida se hace por una carretera estrecha pero perfecta en cuanto a su asfalto, y es aquí donde el puerto te hace evadirte y verte reflejado en esas estampas míticas de Tour o Giro, entre montañas afiladas, nevadas y desafiantes, entre praderas eternamente verdes, espolvoreados por el agua difuminada que salen de las decenas de cascadas, con los buitres y quebrantahuesos peinandote el cogote y sonriendo a ver a las curiosas y temerosas marmotas. Una gozada de subida, con un coeficiente de dificultad medio tirando a bajo y un final sabroso y agradecido, la falda del Aneto. Bajada rápida, peligrosa con el tráfico y a descansar que mañana toca el Valle de Estos, mientras los Suprimos suben al Besurta por caminos. A mi amigo Santi o le hago un monumento o lo encierro, que lo de este chico no es normal.
Sabado, 14:00. Después que los Suprimos la hayan liado como unas 10 veces, y tras haberles fotografiado corriendo su maratón...a cola de pelotón, cargo la mochila con bocata made in hotel-sablada-y ya lo puedes disfrutar y tiro para el Valle de Estos. Casualmente también el hotel es el inicio de la subida, maldita palabra, asi que nada, del asfalto pasamos al camino de tierra y a veces hormigonado. Camino difícil de localizar porque desaparece en una maraña de arbustos y rocas y claro, cómo vas a suponer que en menos de un kilómetros salves casi 200 metros de desnivel, pues si...lo hace, y todo ello por un camino hormigonado, que gracias a dios que está hecho de este material, porque si no me habría sido imposible subirlo en la bici...cago en todo, lo podían haber dejado de tierra y listo. El primer tramo es espectacular, imposible, extenuante e irritante, entre roca viva y embalse muerto, oscuro, vacío...no puedo observarlo, tan solo puedo mirar la rueda delantera, controlar que no se levante, que no me desvíe un ápice de la trazada, evitar la más mínima piedra que me llevará al suelo, fijo. Pasada esta pared, el valle se abre, bueno aquí si que es valle, lo de antes era cañon o precipicio. El camino se ensancha, es una pista de tierra entre abetos, con el contínuo rumor del río Estós a izquierda de derecha, y siempre viendo al fondo el macizo de Posets y la Maladeta. Cierro los ojos y es como si estuviera en plena Canadá, a mi izquierda el oso Grizzlie y a mi derecha un reno, abro los ojos y a mi izquierda un guiri gordo y a mi derecha un español con un niño a cada mano...estamos en Julio.
Son 6 kms de subida al 9% de desnivel con rampas al 20%, una auténtica burrada. Yo lo finalicé a unos 1750 metros de altura, pero el camino seguía para arriba pero ya en modo sendero, ciclable pero se me hacía tarde y las nubes se cerraban sobre mi cabezota. Y claro, en esos momentos te venían a la cabeza las palabras de la dueña del hotel..."camping peligrosos...tormentas...crecidas de los ríos"...ale, hasta luego. Eran las 18:00 de la tarde, yo entre abetos y ríos, Santi entre ríos y abetos y Toni entre abetos, ríos y esguinces, tres mostoleños bien repartidios por el valle de Benasque dando tara para dar y tomar. Bajada extrema, divertida y con olor disco quemado. Ducha y a recoger a dos maratonianos con ganas de cenar, contar su aventura de 6 horas y con ganas de dormir. Mañana  desayuno y carretera.
Domingo, 9:00. Santi se quiere subir el Cerler..."pero tío que antes de ayer te subiste un puerto, ayer te hiciste un maraton de montaña y hoy te quieres subir otro puertazo!!!"..." Filete, hay tiempo y además, cuando volveremos?"...y el muy cabrón tenía razón excepto en lo del tiempo. Otra vez el hotel nos pilla en el comienzo de la subida, creo que cuando lo construyeron pensaron en nosotros. Ale, 12kms al 6% y 1912 metros de altura. Visto así no parece muy duro pero es que este puerto engaña en cuanto a su cifra, ya que  se divide en tres tramos. 4kms entorno al 8% con rampas superiores al 10%, un km de descanso, otro tramo de 3kms entorno al 9% y picos del 13%, descanso y ya un tramo final de 3kms entorno al 6%.Subida sinuosa que nos lleva a unos de los pueblos más altos de España, con curvas de herradura que nos obligarán a frenar para no comernos a los coches, y curvas que nos van ofreciendo distintas perspectivas del Valle de Benasque allí abajo, de la sierra de Chía allá al fondo, de la Maladeta despejada y ya al final, entre pastizales amarillentos el pico Gallinero y circo de Ampriu. Subimos en una hora, bajamos en 20 minutos, nos duchamos en 5 minutos, llegamos a recepcion con la llave a un minuto de pagar un día más (se nota la cercanía a Cataluña), y la liamos durante media hora buscando las llaves del coche, que las tenía en mi bolsillo.
En resumen, 74kms, 3500 metros de desnivel positivo. 3 subidas totalmente diferentes las unas de las otras, pero todas ellas con un denominado comun, la espectacularidad y la mejor compañía del mundo. El sentirte afortunado por quien te acompaña en estas aventuras y el emocionarte por algo tan simple como hacer cumbre, respirar hondo, llenarte los pulmones y la vista, y bajar que no llegamos al hotel.

http://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=setCurrentSpatialArtifact&id=1903087








Gracias a los Suprimos de Mostoles (Toni y Santi) y no pareis de correr nunca.





domingo, 3 de julio de 2011

Veleta. El día en el que tocamos el cielo










Quién nos lo iba a decir. Hace 5 años nuestro reto era superar los 100 metros de desnivel de la subida a Cotorredondo, Arroyomolinos, desde el rio Guadarrama, 2 kilometrillos y pico con sus rampas arcillosas que se agarraban a nuestras cubiertas “tioga”, apretando los dientes e intentando no descolgarse de la rueda del de adelante, que normalmente era la de Santi… y al final, inevitablemente se acababa separando, como el testigo que pasa de un corredor a otro en los relevos de atletismo. Épicas en miniatura con bicicletas de aluminio 6001, componentes de lo más básicos y rastrales en lugar de pedales automáticos.
Echo la mirada atrás y veo caras sonrientes, fotos absurdas, presumiendo de hacer 35 kms en dos horillas, y ni que hablar de la equipación. Que parece que hemos ido a la iglesia a por la ropa, y le hemos cogido el cullotte a Francisco Mancebo, el maillot a Marino Lejarreta y el casco a Laurent Fignon. Jamás pensé que 5 años después estuviéramos nosotros dos, con equipación gore-tex, guantes windstopper y ruedas permafrost, y habiendo cambiado los chaparros del parque regional del Guadarrama por los neveros eternos de Sierra Nevada. Que estuviéramos tan arriba.
4 horas de ascenso, eternidad para todos aquellos que se lo cuentas, pero no para nosotros. Quizás han sido las 4 horas más rápidas de mi vida. Igual de rápido que han pasado todos estos años sobre el sillín, tan duro como los umbrales de las puertas de nuestros pueblos veraniegos. Ahí si que nos tirábamos horas y horas sentados jugando a la cuatrola, a los playmobil y un poco más adelante a la maquinita del tetris. Que felices éramos con tan poco y en realidad que felices podemos seguir siendo con tan poco. Porque sí, hoy soy feliz por donde, como y con quien he llegado. No necesitamos de mucho para sentirnos plenos…bueno sí, de una bici medio en condiciones, algo de viento a favor, un gps que te indique que ya has superado la barrera de los tres mil metros, y unas barritas energéticas con más kilocarías que una hamburguesa del Burguer Oskar (con huevo incluido)
El Veleta es quizás a lo máximo que se puede aspirar en el mundo ciclista europeo. Es lo máximo porque es la carretera asfaltada más alta de Europa, porque es la subida con más desnivel del viejo continente y porque en ella se puede disfrutar de todos los paisajes europeos y más concretamente del ibérico. Son 40 kms en los que pasas de lomas y barrancos pelados y áridos, a pedalear entre olivares, disfrutar de la umbría de sus numerosas curvas de herradura donde el aroma a higuera y zarzas te hacen recordar que estas en Andalucía. Para luego pasar a dehesas en lo alto del collado del Muerto, y de ahí a pedalear bajo la sombra de pinos y abetos, hasta rondar los 2000 metros de altura donde la vegetación comienza escasear y va siendo sustituida por arbustos, sabinas y florecillas de alta montaña, que van disminuyendo a medida que ganamos altura mientras pequeñas manchas de nieve al principio, más grandes después y finalmente paredes de hielo de más de 2 metros de altura, flanquean las últimas curvas de herradura hasta donde podemos llegar. 3100 metros de altura. Aquí la máquina quitanieves se quedó sin gasoil o llamaron al conductor para que bajara que su mujer se había puesto de parto. Llegar tan arriba era algo que ni nos planteábamos y ni nos dejábamos de plantear mi buen amigo Santi y yo. Cuando el final está tan lejos solo piensas en arrancar y coger un ritmillo “bueno”.
Así comenzamos a las 8 de la mañana en la localidad de Cájar. Localidad a orillas del río Monachil, palabra muy usada en la subida por esta vertiente, y puente entre Sierra Nevada y la vega de Granada. Decidimos, bueno más bien decido porque en estos casos Santi me delega la responsabilidad por el bien del grupo, que empezamos en este pueblo porque así aprovechamos los primeros kilómetros para “calentar” un poquillo…porque claro, como no vamos a tener suficiente calentón en lo que queda de jornada…maldita épica ciclista!!! Tras estos primeros kilómetros de subida al 5% y con una rampilla al 9% llegamos a una loma donde disfrutamos del barranco del río Monachil y más al fondo, encajonada entre paredes verticales la localidad homónima. Tras ella suponemos la subida, digo que la suponemos porque la carretera no se vislumbra pero si unas montañas afiladas como dientes, un valle sin fondo y un sol que sale tímidamente entre sus laderas escarpadas.
Cruzamos el pueblo tras una breve bajada, que inevitablemente me hace pensar que a la vuelta me va a joder bastante subirla…como así fue. Un grito claro y conciso a un paisano del lugar…”la subida al Purche???!!!”…”zubiendo pó ahí!!!”…y subimor por ahí, ya lo creo que subimos. Esquivando un rebaño de cabras y aplastando sus cagarrutas superamos la primera curva de herradura al 12% y 50 metros después otra a derechas con los mismos dígitos. Así sucesivamente durante 8kms…al principio muy duros y suavizando a medida que avanzamos, pero nunca bajando del 8%. Rápidamente vamos ganando altura y rápidamente nuestros depósitos de combustible van bajando peligrosamente, solo nos queda mirar abajo y ver todo lo conseguido. Ver una carretera serpenteante, con manchitas coloridas balanceándose sobre ella, otros ciclistas con ganas de sudar un poquillo. Preferimos mirar abajo, porque si hacemos lo contrario, veremos unos quitamiedos sobre nuestras cabezas señalizándonos literalmente por donde iremos a cámara lenta, será dentro de un buen rato, supongo…curva de herradura a la izquierda y estamos a la altura de ese quitamiedos, ale por hablar o más bien por jadear. Joder que duro es esto y solo llevamos 5 kilómetros de subida. Santi no para de pedirme datos, kilómetros que llevamos, altura a la que estamos, cuantos kilómetros tiene de subida este tramo, a que altura está la cima. Y yo le contesto con toda la sinceridad que me deja mi cabeza sudorosa. Han sido meses o incluso años mirando continuamente la altimetría de esta subida y me la conozco mejor que el camino al curro. Aprovecho también para comentar que es importantísimo conocer un puerto, para saber donde reservar, donde apretar o donde comer un poquillo. 

Queda poco Santi, pero queda lo peor, porque tras 7 kms de subida viene un tramo suave, al 6% pero al llegar a una cantera la cosa se complica y nos encontramos con un muro de 200metros de longitud al 17%, aquí sencillamente te desfondas, te enriñonas, te cagas en la madre que parió a Panete, la boca se te llena de un sabor cobrizo a sangre y collado coronado. Escucho los gritos de Santi…”Felipe aquello es el Veleta??!!”…miro y afirmo con la cabeza porque no puedo articular palabra…”si tio, allí es…”. Paramos para coger aire, tomas unas cuantas instantáneas, y hacer una panorámica con la cabeza de izquierda a derecha. Granada, valles, barrancos, collado, dehesa y Sierra Nevada. Somos cojonudos y afortunados, hace un día perfecto para llegar a aquellas cumbres nevadas que por cierto, cada vez las veo más lejos.
Primer tramo de la subida conseguido. Fuerte bajada para afrontar una pequeña subida para así finalizar el Collado del Muerto. Esta bajada me va joder bastante más que la anterior cuando descendamos dentro de unas 4 horas. Otra bajadita más tras coronar el Collado del Muerto y desembocamos a la “autopista” a Sierra Nevada. El paisaje cambia por completo. Ahora pedaleamos por un frondoso pinar, en zona de umbría y a la sombra continuamente ya que estamos en el lado norte de la ladera. Hace fresquibiris y Santi me agradece que le haya obligado a llevar unas mallas largas para la bajada…tronko que subimos a tresmil metros de altura…TAS TONTO???!!! Por aquí la subida suaviza excesivamente, es más un falso llano que otra cosa. Pasamos de rampas de dos dígitos a apenar alcanzar el 5%, lo cual no nos viene nada mal para recuperar las piernas. Son ya más de 15kms de subida y estamos entorno a los 1600 metros de altura. Con lo cual, pensándolo fríamente, estamos a la mitad de la subida, pero pasamos de pensar, para qué…
El Dornajo. Cruce a 1700 metros de altura y con 18kms de subida en los gemelos. Es aquí donde empieza la parte más bonita de la subida. Cambiamos la autopista por una carretera más pequeña que nos lleva al Collado de las Sabinas, el segundo tramo de la subida. En subidas tan largas como esta hay que dividirse la misma en tramos o etapas ficticios que nos ayudarán a hacerla más amena y agradecida porque cada tramo conseguido es una satisfacción y objetivo conseguido…cada uno se conforma con lo que puede.
Comienza, aunque en realidad continuamos, una subida de unos 12kms algo más empinados que los anteriores por la carretera nueva a la estación de esquí. Son kilómetros muy constantes al 6 y 7% con algunos picos en sus curvas de herradura al 10/12%. Una auténtica gozada para los amantes del ciclismo ya que el paisaje se hace más alpino, dejando atrás las frondosas masas forestales y deleitándonos con el valle de Maitena que ya queda muy pero que muy abajo. Estamos a 2000 metros de altura y la falta de oxígeno no se hace muy acuciante, quizás nuestra ilusión está por encima de las leyes de la física y la gravedad, ya que a medida que avanzamos más fuertes nos sentimos. Y más cuando sorteando unos montículos giramos a la izquierda, y vemos que ya hemos dejado abajo la estación de esquí.
 Hemos coronado el Collado y ante nosotros aparece una imagen más que dantesca, una recta que se va perfilando entorno a los Riscos de San Francisco. 4 kms de recta al 7 % y agradeciendo que el viento sople a favor, porque si no esto sería imposible. Viento a favor que arrastra unas nubes muy puñeteras desde lo más profundo del valle y que van tapando poco a poco la cima del Veleta, habrá que bajar un piñón y tirar fuerte. Pero también parar y coger aire que estas alturas ya no se puede andar con tonterías. Estirar, comer, beber y volver a estirar.
Superado el Collado de las Sabinas y tras la antes nombrada recta eteeeeerna llegamos a la Hoya de la Mora, donde hay una barrera que impide el paso de los vehículos a motor. Algo que tampoco ha sido un problema hasta ahora. La carretera cambia por completo, ahora está bacheada, con socavones, regueros de agua provenientes del deshielo e imán de nubarrones y brisas heladas. Saludamos el santuario de la Virgen de las Nieves y seguimos para arriba que viene lo mejor. 20 curvas de herradura, una menos que en Alpe d´huez, algunas suaves, otras cerradas, muchas abiertas y alguna que otra entre lenguas de nieve que bajan de la niebla. Como ha cambiado la cosa y que canguele te entra al mirar arriba y solo ver grises y blancos. Nuestro preciado sol nos ha abandonado, pero bueno ya son muchos kilómetros bajo su mirada y teniendo en cuenta que la crema protectora para deportistas factor 50 se ha quedado en Motril, pues como que mejor.
“Santi estamos a 2800 metros de altura!!!”…en ese momento no hay nadie por encima nuestra pedaleando en Europa. No hay ningún puerto más alto ni en los Pirineos ni en los Alpes…aunque a lo mejor en el Cáucaso…pero está la cosa como para ir a Chechenia ahora. Y ni mal de altura ni leches. Seguimos avanzando mientras unos compañeros nos gritan desde abajo, padre e hijo nos alcanzan en sus bicis de carretera, parece que nos van a dejar atrás pero a burros no nos gana nadie. Con ellos continuaremos hasta los 3000 metros de altura. Habrá que estar pendiente de ese chaval que con solo 15 años nos ha reventado a los tres. Les dejamos atrás ya que la carretera se ha vuelto casi imposible para sus bicis. Pedaleamos flanqueados por paredes de pizarra y de hielo a nuestra derecha y un barranco a nuestra izquierda que nos obliga a pedalear bien pegadito a la derecha, y mira que me jode tirar para la derecha…
Parada obligatoria para comer algo. Estamos a mucha altura y hay que tomárselo con tranquilidad. Santi me calienta la cabeza durante toda la subida con su famoso sándwich de membrillo que le va a dar la energía suficiente para conseguir el objetivo. Pues bien, el sándwich se lo ha dejado en Cájar, así que mi maravilloso sándwich de lomo con queso lo tengo que compartir con un tio que se me acerca a mí tal Armstrong pisando la luna, mientras que yo sentado me recuerdo a Yuri Gagarin a su llegada de su paseíto espacial…estamos como para hacer el “moonwalker” de Michael Jackson. El mal de altura nos está dando por saco ya un poquillo. Así que nos volvemos a montar sobre nuestras burras, hay que continuar…dos curvas más de herradura, llegamos a las “posiciones del Veleta”, lugar que se utilizó en la guerra civil para controlar a no sé quien, porque como no fuera a los buitres… y unos metros más adelante la nieve nos dice que hasta aquí hemos llegado.
 Nos encontramos a 3200 metros de altura. No pasa nada porque la gesta ya está hecha. Nos hemos quedado a 2 kilómetros de la cima y tras 38 de subida eso es lo de menos. Hemos coronado espiritualmente. Nada más bajarnos de la bici nos hemos fundido en un abrazo y alguna que otra lágrima se nos ha escapado porque, coño, esto no se hace todos los días. Te enorgulleces de ti mismo, de tu compañero y de la buena compra que hice en la sección de bicis de El Corte Ingles. Llamada a aquellos colegas “especiales” que aprecian y comprenden estos sufrimientos gratuitos. E inevitablemente recuerdas a una persona que hace unos años subió un poco más arriba con mucho más sufrimiento y que se habría sentido muy orgulloso de haber recibido una llamada mía desde donde me encontraba. Que bonito es sufrir por algo que te gusta. Si no, no se alcanzarían estas metas ni tendrían el mismo valor.
Solo puedo dar las gracias a Santi por acompañarme en estas locuras, y por qué no, darme las gracias a mi mismo por ver en este deporte algo más que eso, ver una forma de vida y un motivo para sonreir e ilusionarse día a día.
Tras 4 horas de subida viene una de bajada, tras ir a 8 por hora toca bajar a 70 y tras abrirte el maillot para que te entre el aire que te falta toca ponerse un periódico en el pechito.
Miramos abajo y por primera vez, y creo que última, nos saltamos el ritual de mirar abajo y disfrutar de lo que hemos conseguido, del ascenso, de ver donde comenzamos la subida. Simplemente no lo hacemos porque está muy lejos, está a un mundo, porque allí ahora mismo hace calor y luce el sol, y aquí necesitaríamos el gore tex para sobrevivir.
Ahora a bajar y a rezar porque los frenos estén en óptimo estado, y no nos distraigamos en ninguna curva.
Hoy hemos tocado el cielo con nuestras manos





miércoles, 1 de junio de 2011

El Viajde de mi Vida. Etapa 8






Estás cerca y a la vez estás lejos. Eso es lo primero que he pensado al levantarme. La verdad es que las fuerzas ya flaquean. Son muchos días con la misma rutina...levantarte, buscar algo digno que ponerte...es decir, lo que menos huela a humanidad, enrollar el saco, pelearte con la multitud de bolsas que separan las distintas prendas, que ya por cierto, están mezcladas unas con otras, lo blanco con lo de color, lo sucio con lo más sucio...mirar alrededor y ver como todos andan medio igual. Me siento en el catre y miro el estado de carga del móvil, mp3 y el gps...lo observo detenidamente, 600kms, tropecientas horas sobre la bici. Los tiro sobre la cama, apoyo mis codos en mis rodillas y mis manos sujetan mi cara mientras miro al suelo, mis piernas curtidas y tostadas al sol, y desprendiendo un fuerte aroma a reflex...solo un pensamiento pasa por mi cabeza...Estoy hasta el mindri...
Salgo al patio donde he guardado la bici y toma que toma...pinchazo en la rueda de atrás. Ale, a abrir todo el equipaje y buscar donde leches he guardado las cámaras de repuesto. Arreglar un pinchazo no es difícil, pero a las 8 de la mañana, tras 8 o 9 días de bici, en la rueda de atrás que te obliga a quitar el transportin y el equipaje, y sin desayunar...pues como que jode.
Una hora después salgo del albergue con un solo pensamiento, hablar con Fabio Briattore para que me cambie el equipo de mecánicos porque no se puede perder una carrera en un cambio de ruedas en boxes.
Menos mal que me voy a pegar un homenaje en el bar de al lado. Tostadas con tomate y cafelito. Y efectivamente, cafe, tostada y tomate natural...tan natural que me lo dan con árbol y todo. Y diles algo a estos galegos, mientras afuera estan sus juventudes borrachas jugando al futbol y hasta el culo de farlopa. Que guay es todo.
Con el dolor de pompis que tengo, más que preocupante, con las piernas con más tensión que la zona de Gaza y Cisjordania, la cabeza en otro sitio y el desayuno de campeones que me he tomado, me planteo hacer una veintena de kilómetros y ya veré si me quedo por ahí a dormir. Psicológicamente estoy hundido y es curioso porque estoy cerca, leches!
Y con ese pensamiento cicleo durante no ya 20 kilómetros, sino 40, 50, 60... No sé si será la música que llevo puesta, que la verdad, me dá todo el people-have-the-power, el cruzarme con centenares de peregrinos o el conocer el terreno. Pero ahí estoy, subiendo cuestas que parecen ríos, atravesando castañares y hayedos, esquivando babosas que perfectamente me podrían hacer volcar...y observar desde unos de los múltiples altos de la jornada la localidad de Portomarin, a orillas del Miño, e imponente su iglesia de corte más que estraño destacando por encima del resto. Bajada loca loca, cruzar el puente sobre el río y cuestecita de 5 kms en la que voy adelantando a multitud de bicigrinos. Estoy fuerte y los dolores forman parte del pasado.
Lo de cuestecita se transforma en subida de más de 10kms en los que voy trascurriendo por un páramo desde donde se divisa toda la comarca, decorada y adornada por tonos morados, amarillentos y verdes. La primavera trompetera ha llegado también a estos lares.
Bajada a Palas de Rei donde hago acopio de víberes en una tienda mítica donde las halla, el clásico ultramarinos regentado por señora mayor con delantal azul, que seguro que si viajo al abril de 1977 tiene el mismo delantal, el mismo corte de pelo y la misma romana para pesar los plátanos y las manzanas.
Me siento en un umbral y veo pasar a coreanos, alemanes, ingleses, franceses y españoles???...españoles pocos, así que me pongo a parlotear con un italiano, me cae bien y sabiendo que hoy termino por mis santos memoles, le doy los isostares que tengo porque el pobre hombre estaba en reserva. Recomendándole también que a 20 grados, lo de llevar un abrigo cold stopper como que no. Yo regalando comida cuando seguramente la vaya a necesitar al girar la esquina.
Continuamos. Siguiente destino, Melide, el pueblo del pulpo. Pero esta vez pasaré de largo del mismo porque no me trae muy buenos recuerdos de veces pasadas. Un poco caro, el restaurante hasta arriba y a ver quien vigila la bici en la calle. Sorteando coches y transeuntes salgo del mismo, cuesta abajo, paro en un lavadero antíguo y disfruto de mis piezas de fruta y galletas de chocolate. Arrancamos sabiendo que ahora viene lo peor. De aquí a Santiago se alternan fuertes bajadas con peores subidas. Subidas que me sé de memoria, cuestas que salvan desnives de más de 100 metros en menos de un kilómetro. Cuestas a la sombra de eucaliptus que te hacen polvo los gemelos, que tensionan tus manos en el manillar, que hacen rechinar los dientes y que obligan a un gasto mayor en el mp3, porque esto hay que hacerlo con la música a todo volumen. Cada cuesta es un paso más cerca al destino. Destino que sinceramente, pensaba que no lograría.
Llegada a Arzua, ultima localidad importante antes de Santiago. Cafelito y napolitana. Son las 5 de la tarde y faltan aún 40kms. El calor arrecia. Que buen tiempo me ha hecho todos los días joder.
Más eucaliptus. Pistas en muy buen estado. Tramos de carretera. Muy poca gente. A estas horas los peregrinos ya buscan sitio en los albergues. Pero yo continuo. Los que vamos en bici alargamos la jornada y yo la pienso alargar hasta el final. De aquí al final una sonrisa adorna mi cara. Faltan unas cuantas cuestas más pero 3 son las jodidas. San Paio es durísima. Lavacolla al principio casi imposible y al final muy llevadera. Y el Monte del Gozo que tiene un tramo de 200 metros en los que te planteas muy seriamente echar el pie a tierra.
Es en la subida a Lavacolla donde me emociono al coincidir con un chico brasileiro (brasil ha sido el pais dominante en este viaje), el chico también salió de Sarriá y lo llevaba jodido como yo, pero fue la música y ver el final tan cerca lo que le dio fuerzas. Nos quitamos los dos los auriculares, nos dimos ánimos, le empujé un poco porque la verdad iba muy atrancado, se emocionó, bajó un piñón y...se rompió, le reventé, paró y me saludó deseandome un feliz final como yo a él. Más tarde nos veríamos en la plaza del Obradoioro y nos fundiriamos en un abrazo. Que viva el rollo bollo.
Última subida, Monte del Gozo. Llamado así porque desde allí se atisba ligeramente las torres de la catedral. Una gozada pero también el final del camino. Las ganas de terminar se mezclan también, con él "bueno pues ya hemos llegao". Paso al lado del mayor albergue del camino, y la gente te anima, saben lo que es llegar, lo que es el viaje y ahí sí que me tocan en la patata y rompo a llorar. Bajada vertiginosa a la carretera y entrada en la ciudad por el barrio de San Marcos. Paro y selecciono la mejor canción de todo el camino. Balobashi de Mike Monday. Para mí un tema perfecto, minimal contundente con multiples melodías que van apareciendo progresivamente y que se van complementado y enriqueciendo la canción. Como mi viaje. Y sí, ya sé que si alguien escucha esa canción dirá que es pumba-pumba y que si no tiene letra pues vaya mierda. Me da igual, es un temazo.
Adelanto a unos cuantos bicigrinos que estaban un poco perdidos y les digo que me sigan, que me sé el camino. Y lo hacen. Llegamos a un semáforo que nos separa de nuestro final y la verdad que las ganas de saltárnoslo son grandes, pero basta que hagamos eso y la liemos.
Entro por la Puerta del Camino y subo por la Rua de Casas Reais sorteando turistas, bajada por otra de sus ruas y entrada en la Plaza del Obradoiro bajando por unas escalinatas que dan directamente al parador nacional. Me tengo que bajar de la bici porque si no me escoño. Las gaitas suenan por doquier llenando mis oidos, hinchando mis pulmones, levantando mis manos, mirando al cielo...esto va por ti. Pego un grito de alegría, pido a la gente un aplauso y me lo dan. Freno y beso mi bici. No pensaba que llegaría, ni yo ni ella. Cojo el móvil y llamo a todos aquellos que me han ayudado, que han estado pendiente de mi..."que grande eres coño!", se repite continuamente y que grande sois vosotros. Miro esa imponente fachada. No creo en el dios por el que hicieron construir esta mole de piedra, pero si creo en la gente que la construyó, en la gente que se "inventó" este camino, y en la gente que lo ha transformado no como una peregrinación a una ciudad, a un santo, sino una peregrinación hacia uno mismo. En esta pequeña franja del planeta, de centenares de kilómetros de largo por unos cuantos metros de ancho aun creo en la humanidad y en la bondad del hombre. Donde desconocidos confian sus enseres, sus sueños, su pasado, su vida a otros desconocidos que tan solo compartirán con ellos unas horas, por la simple satisfacción de un gracias, un hasta luego o un buen camino.
Hoy han sido 120 kms de emoción y de fuerza "vital". Ahora mismo estoy reventado y solo pienso en buscar una cama y descansar, que mañana toca otra etapa...la peor, la de volver a la dura realidad.
No sé cuando será pero volveré a hacer este viaje solo, y os lo recomiendo a todos. Ahora a esperar a mi buen amigo Toni, que me recoja, que me lleve a su casa, que tome una ducha en condiciones y me acerque a un Pull & Bear a comprarme algo de ropa, que este chandal y esta sudadera están apuntito de contarse un monólogo.
Muchas gracias a todos los que me cogíais el teléfono en cualquier momento del día. Gracias a esos comentarios en el facebook,a esas teleayudas para arreglar algun desperfecto. Y a esos empujones que me dábais en la distancia cuando ya no podía con mi alma.
Ya lo decía un famoso ciclista. En otros deportes te cansas, en el ciclismo se sufre, pero bendito sufrimiento.

sábado, 28 de mayo de 2011

El Viaje de mi vida. Etapa 7










Hoy hace una semana que comencé este periplo. Y echando la vista atrás, hace una semana salía de mi portal de Móstoles, ante la incertidumbre de este viaje, ante el miedo a lo desconocido y a lo conocido, a saber si me soportaría a mi mismo durante tantas horas, a confiar en mis piernas y en mi estado físico, a tirar muchas veces de cerebro que de corazón, a guiarme también por el corazón y no por el cerebro...a perderme y encontrarme.
Hace una semana, levantaba las persianas y veia ciudad, asfalto, coches, lluvia y tonos grises por doquier.
Hoy no tengo que levantar una persiana. Hoy simplemente tengo que mirar por una ventana abuhardillada y deleitarme con un amanecer bellísimo, la ciudad ha sido sustituida por casas singulares e independientes, cada una con un color distinto, el asfalto desaparece y surge las calles de hormigon y los caminos de tierra, los coches son carros tirados por caballos o tractores labrando la tierra, la lluvia se ha quedado atrás y solo reina un sol que hace desaparecer la bruma matutina. Y en cuanto a colores, la primavera hace acto de presencia y un verde intenso inunda prados y montañas hasta donde la nieve se lo permite. Que bonito es todo hasta que se escucha una flatulencia a mi derecha...recordándome que no estoy solo en esto.
Arrancamos los tres tenores y abandonamos Molinaseca, lugar que os recomiendo a todos para pasar una tarde entretenida por estos lares. Kilómetros cuesta abajo hasta llegar a Ponferrada. Estampa bella de la ciudad con la Sierra del Teleno de fondo. Salvando las distancias recuerda a Granada con su Sierra Nevada...salvando las distancias. Callejeo obligado por las calles empedradas, foto junto al castillo, vistazo rápido a la plaza y darle a los pedales que hoy se nos presenta otra jornada larga, entramos en Galicia!!!
Durante una decena de kilómetros pedalearemos por las vegas del Sil, entre parcelas y cultivos de árboles frutales en flor. Estamos en el norte, a unos 500 metros de altura y rodeados de montañas que rondan y superan los 2000 metros, y aun así goza de un microclima que recuerda a los valles del Jerte o del Tietar.
La compañía es estraña, porque mientras uno va por delante el otro no para de hablarme de cosas místicas y tal. Y mira que yo también soy místico, pero tanto... Resulta que Fidel ha hecho el camino para pensar en el nombre del segundo hijo que va a tener. Y el otro, pues no sé...con su tara y punto.
Nos tomamos una cervecita con pincho de tortilla en Villafranca del Bierzo. Localidad en la que comienza en ligero ascenso la subida al Cebreiro y por lo tanto la entrada a Galicia. Desde su imponente puente romano sobre el río Valcarce comienza una carreterilla estrecha, la antígua nacional VI, que culebrea entre el río y la autovía con viaductos estratosféricos te hace sentir como que vas a parte del resto de la civilización. Unos van a 15km/h y otros por encima a 120...
Llegamos a Vega de Valcarce, localidad de nacimiento de Fidel. Allí tiene una casa y dice que se queda, se pone a saludar a diestro y siniestro. Me invita a entrar...me recuerda al programa de la Sexta "quien vive ahi"...porque la casa está muy chula y domitizada a tope. Desde su puerta se ven a todos los peregrinos pasar, y hablando de peregrinos, donde está su colega? En fin, esto es una locura y ya me estoy rallando. Me despido de Fidel con una cerveza en la mano, Angel llega en ese momento y bueno, soy un poco italiano y ataco cuando otros están en el avituallamiento.
En otro época de mi vida me habría quedado y habría continuado con el compañero por no ir a lo mío. Ahora no y lo agradezco.
La subida al Cebreiro es una subida larga, dura, constante, sin nada de sombra, con un silencio ensordecedor. Es como si la carretera o la montaña fuera consciente de que las personas que suben por ahí estan haciendo algo especial, que vienen de muy lejos y las guarda un respeto solemne. Son unos 8kms al 8 o 9% de media. Hace un calor espantoso, el gps no supera en ningún momento la velocidad de 10km/h y bajando...por distraerte miras a los lados, observas la montaña, atisvas los ultimos restos de nieve recuerdo de un invierno muy duro y frío como los de antes, pueblos que parecen caidos del cielo, tractorcillos haciendo equilibrios para labrar un pedazo de tierra, vacas que no levantan la cabeza al pasar a su lado...estarán acostumbradas. Mientras pienso esto, solo salen de mi voca suspiros, joderes, cago en todo y onomatopeyas de toda índole. Tan solo cambio el repertorio al adelantar a peregrinos como yo, animándoles, porque animándoles a ellos me animo a mi mismo. A la sombra de un arbol un bicigrino me asusta, argentino tendría que ser y me ofrece una onza de chocolate derretido, me saco un platano espachurrado del bolsillo y le digo que se lo cambio, me mira con cara de pocos amigos, arranco y sigo. Me da igual que esté en el camino, los argentinos no me caen bien.
El último km de subida se hace eterno, son varias semirectas que te hacen atisbar el final, intuyes los tejadillos de la localidad de O Cebreiro, puerta de Galicia y ultimo tramo del camino. El viento es fuerte, y unas lágrimas salen de mis ojos, no sé si por mecanismo de defensa del ojo o por algo más...yo creo que por algo más. Justo en ese momento me llama mi tía, al entrar en Galicia, y no puedo evitar la emoción al contarla por donde estoy, que casi he llegado y al colgar sé que ella está igual de emocionada. Como uno no está pendiente siempre del destino y de las señales que te da la vida pues ale, más leña al fuego.
Parada de rigor en el mirador desde donde se ve toda la subida y en realidad, toda la etapa desde Molinaseca, ya que desde allí tambien se vislumbra en tonos azulados la Sierra del Teleno, La Cabrera, Las Medulas...
Arranco y paro enseguida al ver una posada con sus bancos y sillas de maderas al sol, escuchando al otro lado de la puerta a los paisanos falando en galego, quiero disfrutar de mis primeros momentos en Galicia asi que me siento, pido una Estrella de Galicia y una empanada de zambourinhas. Prisa no hay y ahora casi todo es cuesta abajo...
Aunque mis recuerdos me engañan un poco, porque tras la subida no hay una bajada sino un contínuo sube y baja por las postrimerías de la Sierra de los Ancares, zona que tarde o temprano visitaré porque es uno de los pocos sitios vírgenes que queda en nuestro país, lugar casi deshabitado y lleno de tesoros naturales. Tras coronar primero el Alto de San Roque y a continuación el Alto del Poio a unos 1400 metros de altura es donde comienza la verdadera bajada. Unos 15kms hasta Triacastela. Estoy reventado y me dejo llevar sin prestar atención al GPS, pero cuando termino la bajada y veo la velocidad máxima caigo en por qué no me ha adelantado ningún coche...80km/h. Hace unos años, en mi primer camino, por aquí la guardia civil nos dio un toque por algo similar...
Finalizada la bajada y viendo las horas que son...tarde...decido ir por carretera hasta el final de la etapa, que por cierto, no tengo muy claro cual va a ser. Estoy cansadísimo y lo único que deseo es no subir ninguna cuesta más y que ese nubarrón que tengo enfrente no descargue. Es pensarlo y que pase. Menuda chupa de agua me ha caido en 5 minutos. Paro en la localidad de Samos para secarme un poco, y oye, gracias a esa empapada descubro un pequeño tesoro, uno de esos rincones idílicos que tiene el camino y que por desgracia, cuando vas en bici pasan desapercibidos porque vas a toda leche. El Monasterio de Samos. Foto de rigor, ingesta de plátano y gel de glucosa...y porque no tengo EPO que si no también cae.
Un paisano me comenta que Sarriá está 10 kms cuesta abajo, así que ya está hecho. Bajada y algún tramo en falso llano. Con mucho cuidado por cierto, porque en Galicia los coches y las bicis no se llevan muy bien. Bueno, los coches no se llevan muy bien con la carretera...van un poco deprisa. Una estampa que no puedo pasar de largo de ella... una máquina espendedora de bebidas en mitad de la nada, ejemplo más del negocio del Camino de Santiago por las tierras de Galicia.
Llegada a Sarriá, ciudad con dos partes diferenciadas. La zona "nueva", con edificios altos, tiendas, grandes avenidas, pufetillos y la el casco antíguo, muy cuco y atractivo pero en cuesta arriba, y que cuesta por dios. Después de más de 100kms una subida de un km con porcentajes entorno al 10%...y como me voy a bajar de la bici con lo macho y hombre que soy.
Aquí ya si que no hay problemas con los albergues porque hay para aburrir, y en estas fechas estan muy vacíos. Miro uno que parece un hotel rústico muy bien decorado y pa´dentro. El albergue era antetodo peculiar, por su decoración, su dueña y la gente que lo habitaba. Desde el pastor presbiteriano americano, a unos extremeños que no paraban de echar la caña, pasando por un empleado de banca burgales que al verme y oir mi pequeña historia, deja todo lo que estaba haciendo, se pone a llorar y me abraza, dándome ánimos y diciendo que soy el mayor exponente del Camino de Santiago. Me invita a cenar con él y unos amigos. Le preguno que donde está el bar donde van a cenar..."según sales del albergue a la izquierda"...yo, por supuesto, salí del albergue tras mi ducha reconfortante y giré a la derecha. No tenía el chichi pa farolillos.
Cena en un barecito escuchando a los galegos y a otros peregrinos. El Madrid gana. Heladito y charla con un chavalin que también estaba haciando el camino en bici y que estaba jodido por unas hemorroides, pero que lo iba a acabar fuera como fuera. Ole por él.
Llego al albergue, no hay ni Peter, me desnudo, me enfundo en el saco, escribo unas cuantas palabras, apago las luces, entro en la fase REM y....PLIM...se encienden las luces. Mi querido banquero burgalés, que donde estaba, que me están esperando para tomar una queimada, me saca del saco de dormir, la dueña del albergue se me queda mirando el "piquetón", pero que coño hace aquí esta tía. Me siento Harrison Ford en Air Force One, despertado porque unos talibanes han secuestrado a la mujer del presidente y me tienen que poner a salvo. Me visto como puedo. Llego al bar. Escucho la queimada, el conxuro, el ligoteo de los extremeños con una zagala de la tierra, el pastor presbiteriano que solo mira una hogaza de pan, la dueña del albergue no me quita ojo, el banquero burgales cogiendome todo el rato por el hombro y yo..bueno yo me tomo una taza del brebaje y me escuso muy educadamente haciendo como que me llamaban al movil.
Otro día de esos que piensas que tiene más de 24 horas. 102 kms y solo me quedan 120kms...que supongo que me los haré en dos días. De momento toca dormir, descansar, cerrar fuerte los ojos por si acaso vuelven.
Una etapa preciosa que finaliza con el toque de campanas de la iglesia...son las 12 de la noche.


jueves, 26 de mayo de 2011

El Viaje de mi vida. Etapa 6











Tras una larga noche aguantando a la chavalería leonesa que coge el albergue como lugar donde dormir las moñas que se pillan, me apaño, me visto sin vergüenza delante de mis roncoamigas brasileiras...total, que más dará si no me van a volver a ver...y me las piro, recordando el sueño que tenido, en el que me robaban la bici. Asi que, inconscientemente, acelero bajando por las escaleras y...ahi está la bici.
Sales a la calle, y como llevas una dinámica totalmente distinta a la que se tiene en la vida cotidiana, pierdes un poco la noción de los días sin saber que día es. Pero nada más volver la esquina y meterte en el primer bar que ves sabes que por lo menos es fin de semana. Las porras y el chocolate son solicitadas por chavales con chupas de cuero negras hace unas horas, grises al amanecer, y chicas que usan manoletinas, sustitutas de zapatos de tacón escondidos en bolsos con más presión que los tornillos de un submarino.
Vueltas tontas por Leon buscando las flechas amarillas. Ojeada rápida al Parador Nacional gracias a esos extravíos y salida por polígonos industriales. Unos kilómetros después, mientras afronto una pequeña subida entre casas-cuevas, coincido con mis buenos amigos vascos, unos cuantos vaciles a gritos y les pregunto por el coreano Kim, el muy cabrón anda un poco más rápido que nosotros, no sabemos por qué...que jodío el coreano.
Va todo correcto...he dormido genial...me ha sentado mejor el desayuno...la bici va fina catalina y el terreno me lo conozco. Hoy tengo la intención de recuperar los días y kilómetros perdidos, cada vez me queda menos para acabar pero también para acabar con las vacaciones, así que hoy tengo que dormir en Ponferrada o aledaños, al menos 100kms con terreno montañoso de por medio. Ya veremos.
Ya veremos ya. Los primeros kilómetros son muy llevaderos, pistas con buen firme, rectas entre cultivos de secano y leguminosas, pequeños recovecos atravesando arroyos y sotos, numerosas choperas, y algún pueblo empedrado como Hospital de Orbigo. Espectacular por cierto el río Órbigo a su paso por esta localidad. Es primavera y se nota las lluvias y las nieves de este invierno porque baja con una fuerza enorme. Como se nota la gente de Mostoles o Madrid que solo vemos arroyos de olor más que sospechoso, y tenemos un "rio" que tiene más agua donde nace que donde desemboca.
A partir de aquí ya todo es subida o semisubida. Los caminos solo llevan una dirección, los Montes de Leon, pasándo antes por Astorga. Tras contínuos sube y baja, entre ellos el Monte de Colomba, por pistas de tierra y entre encinas y carrascos, te topas con una cruz llena de piedras y cantos, hitos de personas que han pasado por aquí con las mismas intenciones que las mías. Es ahí donde se divisa por primera vez la localidad de Astorga, que junto a Ponferrada, son las dos ciudades más bonitas del Camino...para mí eh.
Atisbo a dos bicigrinos y les pego una voz para que me hagan una foto antes de comenzar una peligrosa bajada hasta al pueblo....maldita foto. Con menudos dos he topado. Arquitectos cuarentones con ganas de seguir siendo aquellos chavales que se iban de campamentos y convivencias, echando la caña a todo lo que se moviera, buscando el último bar abierto, y los cuales mientras les hablas sabes perfectamente que tipo de mujeres estan pasando detras tuya...vamos, la mejor compañía.
De momento la cosa empieza con unas cañas en la plaza de Astorga, mientras veo que las ruedas de mi bici se van desinflando a la misma velocidad que yo voy hindando mi tripa. Tardé como una hora en arreglar los dos pinchazos, y eso que lo hicimos entre los tres. A todo esto se nos acopló una alemana que venía en bici desde no se donde...la mujer yo creo que era la hermana mayor de Jan Ullrich, que bicha.
Pues bien, ya saliendo de Astorga y siendo apenas las 12 del mediodía me di cuenta que esta pareja era algo más que peculiar, y que les había venido muy bien coincidir conmigo. Porque uno de los compañeros aceleró y se fue con la alemana, mientras que el otro se quedó a mi lado, y así fue hasta la localidad de Rabanal de Camino, comienzo de la subida al puerto de Foncebadón. Y eso son como unos 20kilometros.
Tras dejar Astorga, dejamos también las bondades de la civilización, la gastronomía, la armonía de la arquitectura, el arte de Gaudí...y nos adentramos en unas tierras yermas, duras y ásperas, regidas por los caprichos meteorológicos del Teleno y sus 2100 metros de altura. Comienza el penoso trayecto donde hay que atravesar los Montes de Leon. Aproximadamente 30 kms de subida de las cuales son de reseñar los últimos 8kms que se realizan a una pendiente media del 6%, por una carretera pestosa pero carretera al fin y al cabo. Es por estos lares donde fui haciendo el menú del día pero de pueblo en pueblo. En uno cerveza con tortilla, en otro cocacola con cecina de Leon y en otro cafe, copa y puro...yo me tengo que deshacer de esta gente porque acaba con mi buen ritmo de gastos económicos, con mis horas de sueño, con mis 4 comidas diarias y con mi capacidad de empatia con el prójimo.
En uno de estos pueblos nos daba la bienvenida un tal Bienvenido. Persona mayor y con una tara considerable, que según él lleva 40 años dando la bienvenida a todos los peregrinos, durante todos los días...yo he hecho tres veces el camino, y ha sido a la tercera cuando le he visto por primera vez...estaría en el bar de su hijo, que curiosamente está tres calles más a´lante, como muy bien nos indicó tras charlar un rato con él. Por supuesto, no paramos en el bar de su hijo y lo hicimos en el de al lado. Ahí es donde mi compañero Fidel, leonés también, me explicó qué es el botillo...y por más que lo expresaba, lo dibujaba con las manos o indicaba el nombre y la forma de los ingrediente, no me enteraba de nada. Hasta que repentinamente aparca una furgoneta-frigo en el bar, el conductor abre las puertas, se mete en el bar con el pedido dejando la furgo abierta. Fidel ni corto ni perezoso se mete dentro de la furgo y me saca un botillo...ves Felipe esto es un botillo...sale el conductor, nos mira, yo con el botillo en la mano y haber como se lo explico todo, encima con esos coloretes rojos que tenía el tío, símbolo de una buena salud o de darle bien al pimple, en ambos casos el partido estaba más que perdido. Por cierto, el botillo es un amasijo de carne roja, rellena de otros amasijos de carne más pequeños. Fetem fetem
Arrancamos y, no lo pude evitar...oye Fidel, cuando sales con tu colega vais así siempre???...pues claro tio, cada uno a su bola y ya nos veremos en el algún pueblo...que imán tengo.
Rabanal de Camino, aquí empieza la subida y vemos al otro integrante del grupo sentadito en una terraza con la alemana. Me fijo en la bici del menda y veo que el transportin que lleva es ínfimo...Angel tio, a ver si se te ha caido por el camino el resto del equipaje...que va, lo llevo todo ahí...me da una descripción detallada de todo lo que lleva en un transportin de hierro forjado, atado con pulpos y cubierto por un plástico, sin poder evitar compararlo con mis alforjas Massi de 100€, cago en todo.
Comienza la subida. 6kms durillos por carretera en mal estado, sin apenas tráfico, con una pendiente no muy dura, pero ya son muchos kilómetros de ruta, es la segunda subida larga que hago desde que comencé el camino, los 10 kilos de equipaje se nota y a parte, esta subida es como la de otros puertos que he subido, que no parecen muy duros pero que tienen algo que te agarra al asfalto, los famosos campo magnéticos a los que se refiere Perico Delgado.
El puerto la verdad es que no es muy bonito que digamos, pero sí destaca el hacerlo paralelamente a la sierra del Teleno y ver contínuamente sus cumbres nevadas, conteniendo unas nubes más que amenazadoras.
Ya en Foncebadón la pareja se presenta a otra chatunga foránea. En este caso una chica holandesa, que por supuesto también salió de su casa a darse un paseo...de 1800kms. Ahi justamente me di la vuelta, busqué por el suelo, vi la piedra más bonita y se la entregué como premio a la constancia y la regularidad.
Despues del vacile continuamos nuestro periplo. Ahora tocan unos cuantos kilómetros de falso llano antes de comenzar la bajada. Es una zona alta, sin árboles, con lo cual expuesta al azote de los vientos vengan de donde vengan.
Por fin llegamos a la Cruz de Hierro, tras subir una rampa por encima del 10%. Un lugar cargado de misticismo. Una cruz que te redime de tus pecados al dejar una piedra que llevas contigo desde donde partiste. Sin que nadie lo acuerde, silencias debido al silencio que impera en el lugar. El viento ha desaparecido, hasta incluso se abren las nubes. Este es un hito en el camino y el llegar aquí ya es un triunfo. Lees alguna nota que dejan anónimos dirigidas a otros anónimos, botas viejas que no valen para nada, piedras decoradas con idiomas de otros continentes, pego dos fotos a la cruz, una mirando al sur (por donde vienen los peregrinos) y otra hacia el norte (por donde se alejan), no creía mucho en dios pero esto no tiene nada ver con dios tiene que ver solo con lo más importante, la gente.
Dejo atrás un momento comprometido y comienzo algo que me sé de memoria, 14kms de bajada hasta Molinaseca. Todo lo feo que es el puerto por su vertiente sur es lo contrario por la norte, curvas de herradura, rampas al 10% y....FRENAZO... estamos en Manjarin, pueblo abandonado, albergue para peregrinos y lugar donde se hospeda el último caballero templario, aunque si alguna vez haceis el camino os dareis cuenta que tampoco es para tanto, es más fama y habladuría. Nunca he pillado al caballero este que por lo que se ve fue jefe de un Corte Ingles. Foto de rigor, enreo en el interior, aguantar a un tara que viene de Cataluña en bici y que nos invita a "pasar" la noche con él....hasta luego cocodrilo.
Pasamos la localidad del Acebo, que da su nombre al puerto por esta vertiente, una velocidad casi absurda, y el paisaje se transforma en un lugar de fuertes barrancos, rocas descarnadas, montañas que se precipitan al vacío, nacimiento de arroyos remotos que más tarde los cruzaremos por puentes romanos, bosques angostos, pueblos que te sorprenden al sortear con un fuerte dolor de dedos, curvas de herradura y árboles en flor que embriagan más estas tierras. Ante mi tengo la ciudad de Ponferrada al fondo, encajonada entre los Montes de Leon y los Ancares, y atravesada por el Sil y el angosto que valle que provoca. Destaca desde lejos sus edificios de oficinas, sus altas chimeneas industriales, algo que parece una refinería..Otro contraste más del camino, una sierra separa lo deshabitado, frío y yermo de lo habitado, cálido y fértil.
El clima es radicalmente opuesto. Estamos más al norte y hace mejor temperatura...le tendré que preguntar el por qué a Auñon. Todo es más verde, más húmedo, arboles frutales decoran la villa de Molinaseca, caballos pastan a orillas de su río, la gente se toma unos vinitos a la sombra de su iglesia. Chavales son las 7 de la tarde, llevamos una paliza de cojones y este pueblo tiene buena pinta. Fidel me da el ok. Conoce a unos cuantos taberneros de por aquí, la noche promete...para él.
Nuestra amiga holandesa muestra mas inteligencia que yo. Coincide con nosotros. Se deja engañar y se toma unas copitas de vino y pregunta por el "secreto de ibéricos", la respondemos que es tipical de la zona, ella dice que.."oh...ok ok...tipical...one secreto por favor"....se deja 30 pavos en la tonteria e insiste en invitarnos a lo que por supuesto, no nos negamos.
Noche en la ciudad, cañas, tapas, vinos, peloti y a dormir...tenemos compañia femenina en la habitación, por dios...que no hagan nada estos tios. Si lo hicieron no me enteré, como a tantas y tantas mujeres les ha pasado, que no se enteran nunca de nada...
Leon-Molinaseca. 90 kms por las tierras del Maragato hasta dar la bienvenida al Bierzo. Montañas nevadas, tierras amarillas, valles verdes, ciudades históricas, pueblos olvidados, miles de historias personales en un solo punto simbolizadas por unas piedras llegadas de los cinco continentes de manos de héroes anónimos, que dan un poco de sentido a nuestra existencia...
Mañana me levanto con resaca fijo.