domingo, 3 de julio de 2011

Veleta. El día en el que tocamos el cielo










Quién nos lo iba a decir. Hace 5 años nuestro reto era superar los 100 metros de desnivel de la subida a Cotorredondo, Arroyomolinos, desde el rio Guadarrama, 2 kilometrillos y pico con sus rampas arcillosas que se agarraban a nuestras cubiertas “tioga”, apretando los dientes e intentando no descolgarse de la rueda del de adelante, que normalmente era la de Santi… y al final, inevitablemente se acababa separando, como el testigo que pasa de un corredor a otro en los relevos de atletismo. Épicas en miniatura con bicicletas de aluminio 6001, componentes de lo más básicos y rastrales en lugar de pedales automáticos.
Echo la mirada atrás y veo caras sonrientes, fotos absurdas, presumiendo de hacer 35 kms en dos horillas, y ni que hablar de la equipación. Que parece que hemos ido a la iglesia a por la ropa, y le hemos cogido el cullotte a Francisco Mancebo, el maillot a Marino Lejarreta y el casco a Laurent Fignon. Jamás pensé que 5 años después estuviéramos nosotros dos, con equipación gore-tex, guantes windstopper y ruedas permafrost, y habiendo cambiado los chaparros del parque regional del Guadarrama por los neveros eternos de Sierra Nevada. Que estuviéramos tan arriba.
4 horas de ascenso, eternidad para todos aquellos que se lo cuentas, pero no para nosotros. Quizás han sido las 4 horas más rápidas de mi vida. Igual de rápido que han pasado todos estos años sobre el sillín, tan duro como los umbrales de las puertas de nuestros pueblos veraniegos. Ahí si que nos tirábamos horas y horas sentados jugando a la cuatrola, a los playmobil y un poco más adelante a la maquinita del tetris. Que felices éramos con tan poco y en realidad que felices podemos seguir siendo con tan poco. Porque sí, hoy soy feliz por donde, como y con quien he llegado. No necesitamos de mucho para sentirnos plenos…bueno sí, de una bici medio en condiciones, algo de viento a favor, un gps que te indique que ya has superado la barrera de los tres mil metros, y unas barritas energéticas con más kilocarías que una hamburguesa del Burguer Oskar (con huevo incluido)
El Veleta es quizás a lo máximo que se puede aspirar en el mundo ciclista europeo. Es lo máximo porque es la carretera asfaltada más alta de Europa, porque es la subida con más desnivel del viejo continente y porque en ella se puede disfrutar de todos los paisajes europeos y más concretamente del ibérico. Son 40 kms en los que pasas de lomas y barrancos pelados y áridos, a pedalear entre olivares, disfrutar de la umbría de sus numerosas curvas de herradura donde el aroma a higuera y zarzas te hacen recordar que estas en Andalucía. Para luego pasar a dehesas en lo alto del collado del Muerto, y de ahí a pedalear bajo la sombra de pinos y abetos, hasta rondar los 2000 metros de altura donde la vegetación comienza escasear y va siendo sustituida por arbustos, sabinas y florecillas de alta montaña, que van disminuyendo a medida que ganamos altura mientras pequeñas manchas de nieve al principio, más grandes después y finalmente paredes de hielo de más de 2 metros de altura, flanquean las últimas curvas de herradura hasta donde podemos llegar. 3100 metros de altura. Aquí la máquina quitanieves se quedó sin gasoil o llamaron al conductor para que bajara que su mujer se había puesto de parto. Llegar tan arriba era algo que ni nos planteábamos y ni nos dejábamos de plantear mi buen amigo Santi y yo. Cuando el final está tan lejos solo piensas en arrancar y coger un ritmillo “bueno”.
Así comenzamos a las 8 de la mañana en la localidad de Cájar. Localidad a orillas del río Monachil, palabra muy usada en la subida por esta vertiente, y puente entre Sierra Nevada y la vega de Granada. Decidimos, bueno más bien decido porque en estos casos Santi me delega la responsabilidad por el bien del grupo, que empezamos en este pueblo porque así aprovechamos los primeros kilómetros para “calentar” un poquillo…porque claro, como no vamos a tener suficiente calentón en lo que queda de jornada…maldita épica ciclista!!! Tras estos primeros kilómetros de subida al 5% y con una rampilla al 9% llegamos a una loma donde disfrutamos del barranco del río Monachil y más al fondo, encajonada entre paredes verticales la localidad homónima. Tras ella suponemos la subida, digo que la suponemos porque la carretera no se vislumbra pero si unas montañas afiladas como dientes, un valle sin fondo y un sol que sale tímidamente entre sus laderas escarpadas.
Cruzamos el pueblo tras una breve bajada, que inevitablemente me hace pensar que a la vuelta me va a joder bastante subirla…como así fue. Un grito claro y conciso a un paisano del lugar…”la subida al Purche???!!!”…”zubiendo pó ahí!!!”…y subimor por ahí, ya lo creo que subimos. Esquivando un rebaño de cabras y aplastando sus cagarrutas superamos la primera curva de herradura al 12% y 50 metros después otra a derechas con los mismos dígitos. Así sucesivamente durante 8kms…al principio muy duros y suavizando a medida que avanzamos, pero nunca bajando del 8%. Rápidamente vamos ganando altura y rápidamente nuestros depósitos de combustible van bajando peligrosamente, solo nos queda mirar abajo y ver todo lo conseguido. Ver una carretera serpenteante, con manchitas coloridas balanceándose sobre ella, otros ciclistas con ganas de sudar un poquillo. Preferimos mirar abajo, porque si hacemos lo contrario, veremos unos quitamiedos sobre nuestras cabezas señalizándonos literalmente por donde iremos a cámara lenta, será dentro de un buen rato, supongo…curva de herradura a la izquierda y estamos a la altura de ese quitamiedos, ale por hablar o más bien por jadear. Joder que duro es esto y solo llevamos 5 kilómetros de subida. Santi no para de pedirme datos, kilómetros que llevamos, altura a la que estamos, cuantos kilómetros tiene de subida este tramo, a que altura está la cima. Y yo le contesto con toda la sinceridad que me deja mi cabeza sudorosa. Han sido meses o incluso años mirando continuamente la altimetría de esta subida y me la conozco mejor que el camino al curro. Aprovecho también para comentar que es importantísimo conocer un puerto, para saber donde reservar, donde apretar o donde comer un poquillo. 

Queda poco Santi, pero queda lo peor, porque tras 7 kms de subida viene un tramo suave, al 6% pero al llegar a una cantera la cosa se complica y nos encontramos con un muro de 200metros de longitud al 17%, aquí sencillamente te desfondas, te enriñonas, te cagas en la madre que parió a Panete, la boca se te llena de un sabor cobrizo a sangre y collado coronado. Escucho los gritos de Santi…”Felipe aquello es el Veleta??!!”…miro y afirmo con la cabeza porque no puedo articular palabra…”si tio, allí es…”. Paramos para coger aire, tomas unas cuantas instantáneas, y hacer una panorámica con la cabeza de izquierda a derecha. Granada, valles, barrancos, collado, dehesa y Sierra Nevada. Somos cojonudos y afortunados, hace un día perfecto para llegar a aquellas cumbres nevadas que por cierto, cada vez las veo más lejos.
Primer tramo de la subida conseguido. Fuerte bajada para afrontar una pequeña subida para así finalizar el Collado del Muerto. Esta bajada me va joder bastante más que la anterior cuando descendamos dentro de unas 4 horas. Otra bajadita más tras coronar el Collado del Muerto y desembocamos a la “autopista” a Sierra Nevada. El paisaje cambia por completo. Ahora pedaleamos por un frondoso pinar, en zona de umbría y a la sombra continuamente ya que estamos en el lado norte de la ladera. Hace fresquibiris y Santi me agradece que le haya obligado a llevar unas mallas largas para la bajada…tronko que subimos a tresmil metros de altura…TAS TONTO???!!! Por aquí la subida suaviza excesivamente, es más un falso llano que otra cosa. Pasamos de rampas de dos dígitos a apenar alcanzar el 5%, lo cual no nos viene nada mal para recuperar las piernas. Son ya más de 15kms de subida y estamos entorno a los 1600 metros de altura. Con lo cual, pensándolo fríamente, estamos a la mitad de la subida, pero pasamos de pensar, para qué…
El Dornajo. Cruce a 1700 metros de altura y con 18kms de subida en los gemelos. Es aquí donde empieza la parte más bonita de la subida. Cambiamos la autopista por una carretera más pequeña que nos lleva al Collado de las Sabinas, el segundo tramo de la subida. En subidas tan largas como esta hay que dividirse la misma en tramos o etapas ficticios que nos ayudarán a hacerla más amena y agradecida porque cada tramo conseguido es una satisfacción y objetivo conseguido…cada uno se conforma con lo que puede.
Comienza, aunque en realidad continuamos, una subida de unos 12kms algo más empinados que los anteriores por la carretera nueva a la estación de esquí. Son kilómetros muy constantes al 6 y 7% con algunos picos en sus curvas de herradura al 10/12%. Una auténtica gozada para los amantes del ciclismo ya que el paisaje se hace más alpino, dejando atrás las frondosas masas forestales y deleitándonos con el valle de Maitena que ya queda muy pero que muy abajo. Estamos a 2000 metros de altura y la falta de oxígeno no se hace muy acuciante, quizás nuestra ilusión está por encima de las leyes de la física y la gravedad, ya que a medida que avanzamos más fuertes nos sentimos. Y más cuando sorteando unos montículos giramos a la izquierda, y vemos que ya hemos dejado abajo la estación de esquí.
 Hemos coronado el Collado y ante nosotros aparece una imagen más que dantesca, una recta que se va perfilando entorno a los Riscos de San Francisco. 4 kms de recta al 7 % y agradeciendo que el viento sople a favor, porque si no esto sería imposible. Viento a favor que arrastra unas nubes muy puñeteras desde lo más profundo del valle y que van tapando poco a poco la cima del Veleta, habrá que bajar un piñón y tirar fuerte. Pero también parar y coger aire que estas alturas ya no se puede andar con tonterías. Estirar, comer, beber y volver a estirar.
Superado el Collado de las Sabinas y tras la antes nombrada recta eteeeeerna llegamos a la Hoya de la Mora, donde hay una barrera que impide el paso de los vehículos a motor. Algo que tampoco ha sido un problema hasta ahora. La carretera cambia por completo, ahora está bacheada, con socavones, regueros de agua provenientes del deshielo e imán de nubarrones y brisas heladas. Saludamos el santuario de la Virgen de las Nieves y seguimos para arriba que viene lo mejor. 20 curvas de herradura, una menos que en Alpe d´huez, algunas suaves, otras cerradas, muchas abiertas y alguna que otra entre lenguas de nieve que bajan de la niebla. Como ha cambiado la cosa y que canguele te entra al mirar arriba y solo ver grises y blancos. Nuestro preciado sol nos ha abandonado, pero bueno ya son muchos kilómetros bajo su mirada y teniendo en cuenta que la crema protectora para deportistas factor 50 se ha quedado en Motril, pues como que mejor.
“Santi estamos a 2800 metros de altura!!!”…en ese momento no hay nadie por encima nuestra pedaleando en Europa. No hay ningún puerto más alto ni en los Pirineos ni en los Alpes…aunque a lo mejor en el Cáucaso…pero está la cosa como para ir a Chechenia ahora. Y ni mal de altura ni leches. Seguimos avanzando mientras unos compañeros nos gritan desde abajo, padre e hijo nos alcanzan en sus bicis de carretera, parece que nos van a dejar atrás pero a burros no nos gana nadie. Con ellos continuaremos hasta los 3000 metros de altura. Habrá que estar pendiente de ese chaval que con solo 15 años nos ha reventado a los tres. Les dejamos atrás ya que la carretera se ha vuelto casi imposible para sus bicis. Pedaleamos flanqueados por paredes de pizarra y de hielo a nuestra derecha y un barranco a nuestra izquierda que nos obliga a pedalear bien pegadito a la derecha, y mira que me jode tirar para la derecha…
Parada obligatoria para comer algo. Estamos a mucha altura y hay que tomárselo con tranquilidad. Santi me calienta la cabeza durante toda la subida con su famoso sándwich de membrillo que le va a dar la energía suficiente para conseguir el objetivo. Pues bien, el sándwich se lo ha dejado en Cájar, así que mi maravilloso sándwich de lomo con queso lo tengo que compartir con un tio que se me acerca a mí tal Armstrong pisando la luna, mientras que yo sentado me recuerdo a Yuri Gagarin a su llegada de su paseíto espacial…estamos como para hacer el “moonwalker” de Michael Jackson. El mal de altura nos está dando por saco ya un poquillo. Así que nos volvemos a montar sobre nuestras burras, hay que continuar…dos curvas más de herradura, llegamos a las “posiciones del Veleta”, lugar que se utilizó en la guerra civil para controlar a no sé quien, porque como no fuera a los buitres… y unos metros más adelante la nieve nos dice que hasta aquí hemos llegado.
 Nos encontramos a 3200 metros de altura. No pasa nada porque la gesta ya está hecha. Nos hemos quedado a 2 kilómetros de la cima y tras 38 de subida eso es lo de menos. Hemos coronado espiritualmente. Nada más bajarnos de la bici nos hemos fundido en un abrazo y alguna que otra lágrima se nos ha escapado porque, coño, esto no se hace todos los días. Te enorgulleces de ti mismo, de tu compañero y de la buena compra que hice en la sección de bicis de El Corte Ingles. Llamada a aquellos colegas “especiales” que aprecian y comprenden estos sufrimientos gratuitos. E inevitablemente recuerdas a una persona que hace unos años subió un poco más arriba con mucho más sufrimiento y que se habría sentido muy orgulloso de haber recibido una llamada mía desde donde me encontraba. Que bonito es sufrir por algo que te gusta. Si no, no se alcanzarían estas metas ni tendrían el mismo valor.
Solo puedo dar las gracias a Santi por acompañarme en estas locuras, y por qué no, darme las gracias a mi mismo por ver en este deporte algo más que eso, ver una forma de vida y un motivo para sonreir e ilusionarse día a día.
Tras 4 horas de subida viene una de bajada, tras ir a 8 por hora toca bajar a 70 y tras abrirte el maillot para que te entre el aire que te falta toca ponerse un periódico en el pechito.
Miramos abajo y por primera vez, y creo que última, nos saltamos el ritual de mirar abajo y disfrutar de lo que hemos conseguido, del ascenso, de ver donde comenzamos la subida. Simplemente no lo hacemos porque está muy lejos, está a un mundo, porque allí ahora mismo hace calor y luce el sol, y aquí necesitaríamos el gore tex para sobrevivir.
Ahora a bajar y a rezar porque los frenos estén en óptimo estado, y no nos distraigamos en ninguna curva.
Hoy hemos tocado el cielo con nuestras manos





miércoles, 1 de junio de 2011

El Viajde de mi Vida. Etapa 8






Estás cerca y a la vez estás lejos. Eso es lo primero que he pensado al levantarme. La verdad es que las fuerzas ya flaquean. Son muchos días con la misma rutina...levantarte, buscar algo digno que ponerte...es decir, lo que menos huela a humanidad, enrollar el saco, pelearte con la multitud de bolsas que separan las distintas prendas, que ya por cierto, están mezcladas unas con otras, lo blanco con lo de color, lo sucio con lo más sucio...mirar alrededor y ver como todos andan medio igual. Me siento en el catre y miro el estado de carga del móvil, mp3 y el gps...lo observo detenidamente, 600kms, tropecientas horas sobre la bici. Los tiro sobre la cama, apoyo mis codos en mis rodillas y mis manos sujetan mi cara mientras miro al suelo, mis piernas curtidas y tostadas al sol, y desprendiendo un fuerte aroma a reflex...solo un pensamiento pasa por mi cabeza...Estoy hasta el mindri...
Salgo al patio donde he guardado la bici y toma que toma...pinchazo en la rueda de atrás. Ale, a abrir todo el equipaje y buscar donde leches he guardado las cámaras de repuesto. Arreglar un pinchazo no es difícil, pero a las 8 de la mañana, tras 8 o 9 días de bici, en la rueda de atrás que te obliga a quitar el transportin y el equipaje, y sin desayunar...pues como que jode.
Una hora después salgo del albergue con un solo pensamiento, hablar con Fabio Briattore para que me cambie el equipo de mecánicos porque no se puede perder una carrera en un cambio de ruedas en boxes.
Menos mal que me voy a pegar un homenaje en el bar de al lado. Tostadas con tomate y cafelito. Y efectivamente, cafe, tostada y tomate natural...tan natural que me lo dan con árbol y todo. Y diles algo a estos galegos, mientras afuera estan sus juventudes borrachas jugando al futbol y hasta el culo de farlopa. Que guay es todo.
Con el dolor de pompis que tengo, más que preocupante, con las piernas con más tensión que la zona de Gaza y Cisjordania, la cabeza en otro sitio y el desayuno de campeones que me he tomado, me planteo hacer una veintena de kilómetros y ya veré si me quedo por ahí a dormir. Psicológicamente estoy hundido y es curioso porque estoy cerca, leches!
Y con ese pensamiento cicleo durante no ya 20 kilómetros, sino 40, 50, 60... No sé si será la música que llevo puesta, que la verdad, me dá todo el people-have-the-power, el cruzarme con centenares de peregrinos o el conocer el terreno. Pero ahí estoy, subiendo cuestas que parecen ríos, atravesando castañares y hayedos, esquivando babosas que perfectamente me podrían hacer volcar...y observar desde unos de los múltiples altos de la jornada la localidad de Portomarin, a orillas del Miño, e imponente su iglesia de corte más que estraño destacando por encima del resto. Bajada loca loca, cruzar el puente sobre el río y cuestecita de 5 kms en la que voy adelantando a multitud de bicigrinos. Estoy fuerte y los dolores forman parte del pasado.
Lo de cuestecita se transforma en subida de más de 10kms en los que voy trascurriendo por un páramo desde donde se divisa toda la comarca, decorada y adornada por tonos morados, amarillentos y verdes. La primavera trompetera ha llegado también a estos lares.
Bajada a Palas de Rei donde hago acopio de víberes en una tienda mítica donde las halla, el clásico ultramarinos regentado por señora mayor con delantal azul, que seguro que si viajo al abril de 1977 tiene el mismo delantal, el mismo corte de pelo y la misma romana para pesar los plátanos y las manzanas.
Me siento en un umbral y veo pasar a coreanos, alemanes, ingleses, franceses y españoles???...españoles pocos, así que me pongo a parlotear con un italiano, me cae bien y sabiendo que hoy termino por mis santos memoles, le doy los isostares que tengo porque el pobre hombre estaba en reserva. Recomendándole también que a 20 grados, lo de llevar un abrigo cold stopper como que no. Yo regalando comida cuando seguramente la vaya a necesitar al girar la esquina.
Continuamos. Siguiente destino, Melide, el pueblo del pulpo. Pero esta vez pasaré de largo del mismo porque no me trae muy buenos recuerdos de veces pasadas. Un poco caro, el restaurante hasta arriba y a ver quien vigila la bici en la calle. Sorteando coches y transeuntes salgo del mismo, cuesta abajo, paro en un lavadero antíguo y disfruto de mis piezas de fruta y galletas de chocolate. Arrancamos sabiendo que ahora viene lo peor. De aquí a Santiago se alternan fuertes bajadas con peores subidas. Subidas que me sé de memoria, cuestas que salvan desnives de más de 100 metros en menos de un kilómetro. Cuestas a la sombra de eucaliptus que te hacen polvo los gemelos, que tensionan tus manos en el manillar, que hacen rechinar los dientes y que obligan a un gasto mayor en el mp3, porque esto hay que hacerlo con la música a todo volumen. Cada cuesta es un paso más cerca al destino. Destino que sinceramente, pensaba que no lograría.
Llegada a Arzua, ultima localidad importante antes de Santiago. Cafelito y napolitana. Son las 5 de la tarde y faltan aún 40kms. El calor arrecia. Que buen tiempo me ha hecho todos los días joder.
Más eucaliptus. Pistas en muy buen estado. Tramos de carretera. Muy poca gente. A estas horas los peregrinos ya buscan sitio en los albergues. Pero yo continuo. Los que vamos en bici alargamos la jornada y yo la pienso alargar hasta el final. De aquí al final una sonrisa adorna mi cara. Faltan unas cuantas cuestas más pero 3 son las jodidas. San Paio es durísima. Lavacolla al principio casi imposible y al final muy llevadera. Y el Monte del Gozo que tiene un tramo de 200 metros en los que te planteas muy seriamente echar el pie a tierra.
Es en la subida a Lavacolla donde me emociono al coincidir con un chico brasileiro (brasil ha sido el pais dominante en este viaje), el chico también salió de Sarriá y lo llevaba jodido como yo, pero fue la música y ver el final tan cerca lo que le dio fuerzas. Nos quitamos los dos los auriculares, nos dimos ánimos, le empujé un poco porque la verdad iba muy atrancado, se emocionó, bajó un piñón y...se rompió, le reventé, paró y me saludó deseandome un feliz final como yo a él. Más tarde nos veríamos en la plaza del Obradoioro y nos fundiriamos en un abrazo. Que viva el rollo bollo.
Última subida, Monte del Gozo. Llamado así porque desde allí se atisba ligeramente las torres de la catedral. Una gozada pero también el final del camino. Las ganas de terminar se mezclan también, con él "bueno pues ya hemos llegao". Paso al lado del mayor albergue del camino, y la gente te anima, saben lo que es llegar, lo que es el viaje y ahí sí que me tocan en la patata y rompo a llorar. Bajada vertiginosa a la carretera y entrada en la ciudad por el barrio de San Marcos. Paro y selecciono la mejor canción de todo el camino. Balobashi de Mike Monday. Para mí un tema perfecto, minimal contundente con multiples melodías que van apareciendo progresivamente y que se van complementado y enriqueciendo la canción. Como mi viaje. Y sí, ya sé que si alguien escucha esa canción dirá que es pumba-pumba y que si no tiene letra pues vaya mierda. Me da igual, es un temazo.
Adelanto a unos cuantos bicigrinos que estaban un poco perdidos y les digo que me sigan, que me sé el camino. Y lo hacen. Llegamos a un semáforo que nos separa de nuestro final y la verdad que las ganas de saltárnoslo son grandes, pero basta que hagamos eso y la liemos.
Entro por la Puerta del Camino y subo por la Rua de Casas Reais sorteando turistas, bajada por otra de sus ruas y entrada en la Plaza del Obradoiro bajando por unas escalinatas que dan directamente al parador nacional. Me tengo que bajar de la bici porque si no me escoño. Las gaitas suenan por doquier llenando mis oidos, hinchando mis pulmones, levantando mis manos, mirando al cielo...esto va por ti. Pego un grito de alegría, pido a la gente un aplauso y me lo dan. Freno y beso mi bici. No pensaba que llegaría, ni yo ni ella. Cojo el móvil y llamo a todos aquellos que me han ayudado, que han estado pendiente de mi..."que grande eres coño!", se repite continuamente y que grande sois vosotros. Miro esa imponente fachada. No creo en el dios por el que hicieron construir esta mole de piedra, pero si creo en la gente que la construyó, en la gente que se "inventó" este camino, y en la gente que lo ha transformado no como una peregrinación a una ciudad, a un santo, sino una peregrinación hacia uno mismo. En esta pequeña franja del planeta, de centenares de kilómetros de largo por unos cuantos metros de ancho aun creo en la humanidad y en la bondad del hombre. Donde desconocidos confian sus enseres, sus sueños, su pasado, su vida a otros desconocidos que tan solo compartirán con ellos unas horas, por la simple satisfacción de un gracias, un hasta luego o un buen camino.
Hoy han sido 120 kms de emoción y de fuerza "vital". Ahora mismo estoy reventado y solo pienso en buscar una cama y descansar, que mañana toca otra etapa...la peor, la de volver a la dura realidad.
No sé cuando será pero volveré a hacer este viaje solo, y os lo recomiendo a todos. Ahora a esperar a mi buen amigo Toni, que me recoja, que me lleve a su casa, que tome una ducha en condiciones y me acerque a un Pull & Bear a comprarme algo de ropa, que este chandal y esta sudadera están apuntito de contarse un monólogo.
Muchas gracias a todos los que me cogíais el teléfono en cualquier momento del día. Gracias a esos comentarios en el facebook,a esas teleayudas para arreglar algun desperfecto. Y a esos empujones que me dábais en la distancia cuando ya no podía con mi alma.
Ya lo decía un famoso ciclista. En otros deportes te cansas, en el ciclismo se sufre, pero bendito sufrimiento.

sábado, 28 de mayo de 2011

El Viaje de mi vida. Etapa 7










Hoy hace una semana que comencé este periplo. Y echando la vista atrás, hace una semana salía de mi portal de Móstoles, ante la incertidumbre de este viaje, ante el miedo a lo desconocido y a lo conocido, a saber si me soportaría a mi mismo durante tantas horas, a confiar en mis piernas y en mi estado físico, a tirar muchas veces de cerebro que de corazón, a guiarme también por el corazón y no por el cerebro...a perderme y encontrarme.
Hace una semana, levantaba las persianas y veia ciudad, asfalto, coches, lluvia y tonos grises por doquier.
Hoy no tengo que levantar una persiana. Hoy simplemente tengo que mirar por una ventana abuhardillada y deleitarme con un amanecer bellísimo, la ciudad ha sido sustituida por casas singulares e independientes, cada una con un color distinto, el asfalto desaparece y surge las calles de hormigon y los caminos de tierra, los coches son carros tirados por caballos o tractores labrando la tierra, la lluvia se ha quedado atrás y solo reina un sol que hace desaparecer la bruma matutina. Y en cuanto a colores, la primavera hace acto de presencia y un verde intenso inunda prados y montañas hasta donde la nieve se lo permite. Que bonito es todo hasta que se escucha una flatulencia a mi derecha...recordándome que no estoy solo en esto.
Arrancamos los tres tenores y abandonamos Molinaseca, lugar que os recomiendo a todos para pasar una tarde entretenida por estos lares. Kilómetros cuesta abajo hasta llegar a Ponferrada. Estampa bella de la ciudad con la Sierra del Teleno de fondo. Salvando las distancias recuerda a Granada con su Sierra Nevada...salvando las distancias. Callejeo obligado por las calles empedradas, foto junto al castillo, vistazo rápido a la plaza y darle a los pedales que hoy se nos presenta otra jornada larga, entramos en Galicia!!!
Durante una decena de kilómetros pedalearemos por las vegas del Sil, entre parcelas y cultivos de árboles frutales en flor. Estamos en el norte, a unos 500 metros de altura y rodeados de montañas que rondan y superan los 2000 metros, y aun así goza de un microclima que recuerda a los valles del Jerte o del Tietar.
La compañía es estraña, porque mientras uno va por delante el otro no para de hablarme de cosas místicas y tal. Y mira que yo también soy místico, pero tanto... Resulta que Fidel ha hecho el camino para pensar en el nombre del segundo hijo que va a tener. Y el otro, pues no sé...con su tara y punto.
Nos tomamos una cervecita con pincho de tortilla en Villafranca del Bierzo. Localidad en la que comienza en ligero ascenso la subida al Cebreiro y por lo tanto la entrada a Galicia. Desde su imponente puente romano sobre el río Valcarce comienza una carreterilla estrecha, la antígua nacional VI, que culebrea entre el río y la autovía con viaductos estratosféricos te hace sentir como que vas a parte del resto de la civilización. Unos van a 15km/h y otros por encima a 120...
Llegamos a Vega de Valcarce, localidad de nacimiento de Fidel. Allí tiene una casa y dice que se queda, se pone a saludar a diestro y siniestro. Me invita a entrar...me recuerda al programa de la Sexta "quien vive ahi"...porque la casa está muy chula y domitizada a tope. Desde su puerta se ven a todos los peregrinos pasar, y hablando de peregrinos, donde está su colega? En fin, esto es una locura y ya me estoy rallando. Me despido de Fidel con una cerveza en la mano, Angel llega en ese momento y bueno, soy un poco italiano y ataco cuando otros están en el avituallamiento.
En otro época de mi vida me habría quedado y habría continuado con el compañero por no ir a lo mío. Ahora no y lo agradezco.
La subida al Cebreiro es una subida larga, dura, constante, sin nada de sombra, con un silencio ensordecedor. Es como si la carretera o la montaña fuera consciente de que las personas que suben por ahí estan haciendo algo especial, que vienen de muy lejos y las guarda un respeto solemne. Son unos 8kms al 8 o 9% de media. Hace un calor espantoso, el gps no supera en ningún momento la velocidad de 10km/h y bajando...por distraerte miras a los lados, observas la montaña, atisvas los ultimos restos de nieve recuerdo de un invierno muy duro y frío como los de antes, pueblos que parecen caidos del cielo, tractorcillos haciendo equilibrios para labrar un pedazo de tierra, vacas que no levantan la cabeza al pasar a su lado...estarán acostumbradas. Mientras pienso esto, solo salen de mi voca suspiros, joderes, cago en todo y onomatopeyas de toda índole. Tan solo cambio el repertorio al adelantar a peregrinos como yo, animándoles, porque animándoles a ellos me animo a mi mismo. A la sombra de un arbol un bicigrino me asusta, argentino tendría que ser y me ofrece una onza de chocolate derretido, me saco un platano espachurrado del bolsillo y le digo que se lo cambio, me mira con cara de pocos amigos, arranco y sigo. Me da igual que esté en el camino, los argentinos no me caen bien.
El último km de subida se hace eterno, son varias semirectas que te hacen atisbar el final, intuyes los tejadillos de la localidad de O Cebreiro, puerta de Galicia y ultimo tramo del camino. El viento es fuerte, y unas lágrimas salen de mis ojos, no sé si por mecanismo de defensa del ojo o por algo más...yo creo que por algo más. Justo en ese momento me llama mi tía, al entrar en Galicia, y no puedo evitar la emoción al contarla por donde estoy, que casi he llegado y al colgar sé que ella está igual de emocionada. Como uno no está pendiente siempre del destino y de las señales que te da la vida pues ale, más leña al fuego.
Parada de rigor en el mirador desde donde se ve toda la subida y en realidad, toda la etapa desde Molinaseca, ya que desde allí tambien se vislumbra en tonos azulados la Sierra del Teleno, La Cabrera, Las Medulas...
Arranco y paro enseguida al ver una posada con sus bancos y sillas de maderas al sol, escuchando al otro lado de la puerta a los paisanos falando en galego, quiero disfrutar de mis primeros momentos en Galicia asi que me siento, pido una Estrella de Galicia y una empanada de zambourinhas. Prisa no hay y ahora casi todo es cuesta abajo...
Aunque mis recuerdos me engañan un poco, porque tras la subida no hay una bajada sino un contínuo sube y baja por las postrimerías de la Sierra de los Ancares, zona que tarde o temprano visitaré porque es uno de los pocos sitios vírgenes que queda en nuestro país, lugar casi deshabitado y lleno de tesoros naturales. Tras coronar primero el Alto de San Roque y a continuación el Alto del Poio a unos 1400 metros de altura es donde comienza la verdadera bajada. Unos 15kms hasta Triacastela. Estoy reventado y me dejo llevar sin prestar atención al GPS, pero cuando termino la bajada y veo la velocidad máxima caigo en por qué no me ha adelantado ningún coche...80km/h. Hace unos años, en mi primer camino, por aquí la guardia civil nos dio un toque por algo similar...
Finalizada la bajada y viendo las horas que son...tarde...decido ir por carretera hasta el final de la etapa, que por cierto, no tengo muy claro cual va a ser. Estoy cansadísimo y lo único que deseo es no subir ninguna cuesta más y que ese nubarrón que tengo enfrente no descargue. Es pensarlo y que pase. Menuda chupa de agua me ha caido en 5 minutos. Paro en la localidad de Samos para secarme un poco, y oye, gracias a esa empapada descubro un pequeño tesoro, uno de esos rincones idílicos que tiene el camino y que por desgracia, cuando vas en bici pasan desapercibidos porque vas a toda leche. El Monasterio de Samos. Foto de rigor, ingesta de plátano y gel de glucosa...y porque no tengo EPO que si no también cae.
Un paisano me comenta que Sarriá está 10 kms cuesta abajo, así que ya está hecho. Bajada y algún tramo en falso llano. Con mucho cuidado por cierto, porque en Galicia los coches y las bicis no se llevan muy bien. Bueno, los coches no se llevan muy bien con la carretera...van un poco deprisa. Una estampa que no puedo pasar de largo de ella... una máquina espendedora de bebidas en mitad de la nada, ejemplo más del negocio del Camino de Santiago por las tierras de Galicia.
Llegada a Sarriá, ciudad con dos partes diferenciadas. La zona "nueva", con edificios altos, tiendas, grandes avenidas, pufetillos y la el casco antíguo, muy cuco y atractivo pero en cuesta arriba, y que cuesta por dios. Después de más de 100kms una subida de un km con porcentajes entorno al 10%...y como me voy a bajar de la bici con lo macho y hombre que soy.
Aquí ya si que no hay problemas con los albergues porque hay para aburrir, y en estas fechas estan muy vacíos. Miro uno que parece un hotel rústico muy bien decorado y pa´dentro. El albergue era antetodo peculiar, por su decoración, su dueña y la gente que lo habitaba. Desde el pastor presbiteriano americano, a unos extremeños que no paraban de echar la caña, pasando por un empleado de banca burgales que al verme y oir mi pequeña historia, deja todo lo que estaba haciendo, se pone a llorar y me abraza, dándome ánimos y diciendo que soy el mayor exponente del Camino de Santiago. Me invita a cenar con él y unos amigos. Le preguno que donde está el bar donde van a cenar..."según sales del albergue a la izquierda"...yo, por supuesto, salí del albergue tras mi ducha reconfortante y giré a la derecha. No tenía el chichi pa farolillos.
Cena en un barecito escuchando a los galegos y a otros peregrinos. El Madrid gana. Heladito y charla con un chavalin que también estaba haciando el camino en bici y que estaba jodido por unas hemorroides, pero que lo iba a acabar fuera como fuera. Ole por él.
Llego al albergue, no hay ni Peter, me desnudo, me enfundo en el saco, escribo unas cuantas palabras, apago las luces, entro en la fase REM y....PLIM...se encienden las luces. Mi querido banquero burgalés, que donde estaba, que me están esperando para tomar una queimada, me saca del saco de dormir, la dueña del albergue se me queda mirando el "piquetón", pero que coño hace aquí esta tía. Me siento Harrison Ford en Air Force One, despertado porque unos talibanes han secuestrado a la mujer del presidente y me tienen que poner a salvo. Me visto como puedo. Llego al bar. Escucho la queimada, el conxuro, el ligoteo de los extremeños con una zagala de la tierra, el pastor presbiteriano que solo mira una hogaza de pan, la dueña del albergue no me quita ojo, el banquero burgales cogiendome todo el rato por el hombro y yo..bueno yo me tomo una taza del brebaje y me escuso muy educadamente haciendo como que me llamaban al movil.
Otro día de esos que piensas que tiene más de 24 horas. 102 kms y solo me quedan 120kms...que supongo que me los haré en dos días. De momento toca dormir, descansar, cerrar fuerte los ojos por si acaso vuelven.
Una etapa preciosa que finaliza con el toque de campanas de la iglesia...son las 12 de la noche.


jueves, 26 de mayo de 2011

El Viaje de mi vida. Etapa 6











Tras una larga noche aguantando a la chavalería leonesa que coge el albergue como lugar donde dormir las moñas que se pillan, me apaño, me visto sin vergüenza delante de mis roncoamigas brasileiras...total, que más dará si no me van a volver a ver...y me las piro, recordando el sueño que tenido, en el que me robaban la bici. Asi que, inconscientemente, acelero bajando por las escaleras y...ahi está la bici.
Sales a la calle, y como llevas una dinámica totalmente distinta a la que se tiene en la vida cotidiana, pierdes un poco la noción de los días sin saber que día es. Pero nada más volver la esquina y meterte en el primer bar que ves sabes que por lo menos es fin de semana. Las porras y el chocolate son solicitadas por chavales con chupas de cuero negras hace unas horas, grises al amanecer, y chicas que usan manoletinas, sustitutas de zapatos de tacón escondidos en bolsos con más presión que los tornillos de un submarino.
Vueltas tontas por Leon buscando las flechas amarillas. Ojeada rápida al Parador Nacional gracias a esos extravíos y salida por polígonos industriales. Unos kilómetros después, mientras afronto una pequeña subida entre casas-cuevas, coincido con mis buenos amigos vascos, unos cuantos vaciles a gritos y les pregunto por el coreano Kim, el muy cabrón anda un poco más rápido que nosotros, no sabemos por qué...que jodío el coreano.
Va todo correcto...he dormido genial...me ha sentado mejor el desayuno...la bici va fina catalina y el terreno me lo conozco. Hoy tengo la intención de recuperar los días y kilómetros perdidos, cada vez me queda menos para acabar pero también para acabar con las vacaciones, así que hoy tengo que dormir en Ponferrada o aledaños, al menos 100kms con terreno montañoso de por medio. Ya veremos.
Ya veremos ya. Los primeros kilómetros son muy llevaderos, pistas con buen firme, rectas entre cultivos de secano y leguminosas, pequeños recovecos atravesando arroyos y sotos, numerosas choperas, y algún pueblo empedrado como Hospital de Orbigo. Espectacular por cierto el río Órbigo a su paso por esta localidad. Es primavera y se nota las lluvias y las nieves de este invierno porque baja con una fuerza enorme. Como se nota la gente de Mostoles o Madrid que solo vemos arroyos de olor más que sospechoso, y tenemos un "rio" que tiene más agua donde nace que donde desemboca.
A partir de aquí ya todo es subida o semisubida. Los caminos solo llevan una dirección, los Montes de Leon, pasándo antes por Astorga. Tras contínuos sube y baja, entre ellos el Monte de Colomba, por pistas de tierra y entre encinas y carrascos, te topas con una cruz llena de piedras y cantos, hitos de personas que han pasado por aquí con las mismas intenciones que las mías. Es ahí donde se divisa por primera vez la localidad de Astorga, que junto a Ponferrada, son las dos ciudades más bonitas del Camino...para mí eh.
Atisbo a dos bicigrinos y les pego una voz para que me hagan una foto antes de comenzar una peligrosa bajada hasta al pueblo....maldita foto. Con menudos dos he topado. Arquitectos cuarentones con ganas de seguir siendo aquellos chavales que se iban de campamentos y convivencias, echando la caña a todo lo que se moviera, buscando el último bar abierto, y los cuales mientras les hablas sabes perfectamente que tipo de mujeres estan pasando detras tuya...vamos, la mejor compañía.
De momento la cosa empieza con unas cañas en la plaza de Astorga, mientras veo que las ruedas de mi bici se van desinflando a la misma velocidad que yo voy hindando mi tripa. Tardé como una hora en arreglar los dos pinchazos, y eso que lo hicimos entre los tres. A todo esto se nos acopló una alemana que venía en bici desde no se donde...la mujer yo creo que era la hermana mayor de Jan Ullrich, que bicha.
Pues bien, ya saliendo de Astorga y siendo apenas las 12 del mediodía me di cuenta que esta pareja era algo más que peculiar, y que les había venido muy bien coincidir conmigo. Porque uno de los compañeros aceleró y se fue con la alemana, mientras que el otro se quedó a mi lado, y así fue hasta la localidad de Rabanal de Camino, comienzo de la subida al puerto de Foncebadón. Y eso son como unos 20kilometros.
Tras dejar Astorga, dejamos también las bondades de la civilización, la gastronomía, la armonía de la arquitectura, el arte de Gaudí...y nos adentramos en unas tierras yermas, duras y ásperas, regidas por los caprichos meteorológicos del Teleno y sus 2100 metros de altura. Comienza el penoso trayecto donde hay que atravesar los Montes de Leon. Aproximadamente 30 kms de subida de las cuales son de reseñar los últimos 8kms que se realizan a una pendiente media del 6%, por una carretera pestosa pero carretera al fin y al cabo. Es por estos lares donde fui haciendo el menú del día pero de pueblo en pueblo. En uno cerveza con tortilla, en otro cocacola con cecina de Leon y en otro cafe, copa y puro...yo me tengo que deshacer de esta gente porque acaba con mi buen ritmo de gastos económicos, con mis horas de sueño, con mis 4 comidas diarias y con mi capacidad de empatia con el prójimo.
En uno de estos pueblos nos daba la bienvenida un tal Bienvenido. Persona mayor y con una tara considerable, que según él lleva 40 años dando la bienvenida a todos los peregrinos, durante todos los días...yo he hecho tres veces el camino, y ha sido a la tercera cuando le he visto por primera vez...estaría en el bar de su hijo, que curiosamente está tres calles más a´lante, como muy bien nos indicó tras charlar un rato con él. Por supuesto, no paramos en el bar de su hijo y lo hicimos en el de al lado. Ahí es donde mi compañero Fidel, leonés también, me explicó qué es el botillo...y por más que lo expresaba, lo dibujaba con las manos o indicaba el nombre y la forma de los ingrediente, no me enteraba de nada. Hasta que repentinamente aparca una furgoneta-frigo en el bar, el conductor abre las puertas, se mete en el bar con el pedido dejando la furgo abierta. Fidel ni corto ni perezoso se mete dentro de la furgo y me saca un botillo...ves Felipe esto es un botillo...sale el conductor, nos mira, yo con el botillo en la mano y haber como se lo explico todo, encima con esos coloretes rojos que tenía el tío, símbolo de una buena salud o de darle bien al pimple, en ambos casos el partido estaba más que perdido. Por cierto, el botillo es un amasijo de carne roja, rellena de otros amasijos de carne más pequeños. Fetem fetem
Arrancamos y, no lo pude evitar...oye Fidel, cuando sales con tu colega vais así siempre???...pues claro tio, cada uno a su bola y ya nos veremos en el algún pueblo...que imán tengo.
Rabanal de Camino, aquí empieza la subida y vemos al otro integrante del grupo sentadito en una terraza con la alemana. Me fijo en la bici del menda y veo que el transportin que lleva es ínfimo...Angel tio, a ver si se te ha caido por el camino el resto del equipaje...que va, lo llevo todo ahí...me da una descripción detallada de todo lo que lleva en un transportin de hierro forjado, atado con pulpos y cubierto por un plástico, sin poder evitar compararlo con mis alforjas Massi de 100€, cago en todo.
Comienza la subida. 6kms durillos por carretera en mal estado, sin apenas tráfico, con una pendiente no muy dura, pero ya son muchos kilómetros de ruta, es la segunda subida larga que hago desde que comencé el camino, los 10 kilos de equipaje se nota y a parte, esta subida es como la de otros puertos que he subido, que no parecen muy duros pero que tienen algo que te agarra al asfalto, los famosos campo magnéticos a los que se refiere Perico Delgado.
El puerto la verdad es que no es muy bonito que digamos, pero sí destaca el hacerlo paralelamente a la sierra del Teleno y ver contínuamente sus cumbres nevadas, conteniendo unas nubes más que amenazadoras.
Ya en Foncebadón la pareja se presenta a otra chatunga foránea. En este caso una chica holandesa, que por supuesto también salió de su casa a darse un paseo...de 1800kms. Ahi justamente me di la vuelta, busqué por el suelo, vi la piedra más bonita y se la entregué como premio a la constancia y la regularidad.
Despues del vacile continuamos nuestro periplo. Ahora tocan unos cuantos kilómetros de falso llano antes de comenzar la bajada. Es una zona alta, sin árboles, con lo cual expuesta al azote de los vientos vengan de donde vengan.
Por fin llegamos a la Cruz de Hierro, tras subir una rampa por encima del 10%. Un lugar cargado de misticismo. Una cruz que te redime de tus pecados al dejar una piedra que llevas contigo desde donde partiste. Sin que nadie lo acuerde, silencias debido al silencio que impera en el lugar. El viento ha desaparecido, hasta incluso se abren las nubes. Este es un hito en el camino y el llegar aquí ya es un triunfo. Lees alguna nota que dejan anónimos dirigidas a otros anónimos, botas viejas que no valen para nada, piedras decoradas con idiomas de otros continentes, pego dos fotos a la cruz, una mirando al sur (por donde vienen los peregrinos) y otra hacia el norte (por donde se alejan), no creía mucho en dios pero esto no tiene nada ver con dios tiene que ver solo con lo más importante, la gente.
Dejo atrás un momento comprometido y comienzo algo que me sé de memoria, 14kms de bajada hasta Molinaseca. Todo lo feo que es el puerto por su vertiente sur es lo contrario por la norte, curvas de herradura, rampas al 10% y....FRENAZO... estamos en Manjarin, pueblo abandonado, albergue para peregrinos y lugar donde se hospeda el último caballero templario, aunque si alguna vez haceis el camino os dareis cuenta que tampoco es para tanto, es más fama y habladuría. Nunca he pillado al caballero este que por lo que se ve fue jefe de un Corte Ingles. Foto de rigor, enreo en el interior, aguantar a un tara que viene de Cataluña en bici y que nos invita a "pasar" la noche con él....hasta luego cocodrilo.
Pasamos la localidad del Acebo, que da su nombre al puerto por esta vertiente, una velocidad casi absurda, y el paisaje se transforma en un lugar de fuertes barrancos, rocas descarnadas, montañas que se precipitan al vacío, nacimiento de arroyos remotos que más tarde los cruzaremos por puentes romanos, bosques angostos, pueblos que te sorprenden al sortear con un fuerte dolor de dedos, curvas de herradura y árboles en flor que embriagan más estas tierras. Ante mi tengo la ciudad de Ponferrada al fondo, encajonada entre los Montes de Leon y los Ancares, y atravesada por el Sil y el angosto que valle que provoca. Destaca desde lejos sus edificios de oficinas, sus altas chimeneas industriales, algo que parece una refinería..Otro contraste más del camino, una sierra separa lo deshabitado, frío y yermo de lo habitado, cálido y fértil.
El clima es radicalmente opuesto. Estamos más al norte y hace mejor temperatura...le tendré que preguntar el por qué a Auñon. Todo es más verde, más húmedo, arboles frutales decoran la villa de Molinaseca, caballos pastan a orillas de su río, la gente se toma unos vinitos a la sombra de su iglesia. Chavales son las 7 de la tarde, llevamos una paliza de cojones y este pueblo tiene buena pinta. Fidel me da el ok. Conoce a unos cuantos taberneros de por aquí, la noche promete...para él.
Nuestra amiga holandesa muestra mas inteligencia que yo. Coincide con nosotros. Se deja engañar y se toma unas copitas de vino y pregunta por el "secreto de ibéricos", la respondemos que es tipical de la zona, ella dice que.."oh...ok ok...tipical...one secreto por favor"....se deja 30 pavos en la tonteria e insiste en invitarnos a lo que por supuesto, no nos negamos.
Noche en la ciudad, cañas, tapas, vinos, peloti y a dormir...tenemos compañia femenina en la habitación, por dios...que no hagan nada estos tios. Si lo hicieron no me enteré, como a tantas y tantas mujeres les ha pasado, que no se enteran nunca de nada...
Leon-Molinaseca. 90 kms por las tierras del Maragato hasta dar la bienvenida al Bierzo. Montañas nevadas, tierras amarillas, valles verdes, ciudades históricas, pueblos olvidados, miles de historias personales en un solo punto simbolizadas por unas piedras llegadas de los cinco continentes de manos de héroes anónimos, que dan un poco de sentido a nuestra existencia...
Mañana me levanto con resaca fijo.


martes, 24 de mayo de 2011

El Viaje de mi vida. Etapa 5






Si, ya sé que no soy constante, que si empiezo algo normalmente no lo acabo y con esto del remember de mi Camino de Santiago particular, casi hago lo mismo. Casi pero no... Todos sabemos que los grandes artistas, escritores, músicos, pintores y demás bohemios-y-soñadores funcionan por inspiración, ganas o no tener nada mejor que hacer, y ahí justamente es donde yo me incluyo,
Releyendo mi PDA (papel de apuntar) del viaje, mirando las fotillos y los vídeos de la etapa, y sobretodo la escasez de los mismos, me ha recordado lo "jodidamente" mal que lo pasé ese día, y como los remedios que tomé el día anterior para solucionar los problemas tanto físicos como mecánicos no sirvieron absolutamente para nada...bueno sí, para empobrecerme un poco más y a su vez enriquecer al pueblo que me hospedó por unas horas...si me llego a quedar un día más creo que fundo un partido político y gano las siguientes elecciones...PGF...Partido de la Gente Fenomenal
Pues bien, la noche fue normalita...mejor de lo esperado, sobretodo teniendo en cuenta que dormí con una inestabilidad gastroinstetinal considerable, la cual llamaba más la atención debido a que mi separación del resto de mortales era tan solo por la fina tela de un saco de dormir de verano.
Al amanecer primer problema, meter el saco en la funda...algo que había conseguido a la primera, esta vez me costó dios y ayuda. Un montañero avizado y tecnosexual, dejó su iphone a un lado y me ayudó a meterlo (el saco en la funda), no pude evitar preguntarle por el iphone, a lo que el muchacho, como si fuera un padre presumiendo de su hijo futbolista, se le hincha el pecho y me comenta que con ese aparato una tormenta no le sorprende, no se pierde y lo mismo hasta liga más...mientras yo, pisaba las hojas arrancadas de la guia campsa y las metía disimuladamente debajo de la cama.
Hablando de todo un poco con este muchacho, digo que vengo desde Móstoles, y otro montañero me comenta que también viene de Madrid. Curioso, es el tipejo que iba firmando delante de mi en todos los albergues por los que he dormido. Charlamos un rato, y veo que lo mío tiene solución todavía, lo de otros es ya para mandarles a la tundra siberiana. El tio tenia pensado seguir por el Camino Frances hasta Leon para luego desviarse hacer no sé que camino, que atraviesa los Picos de Europa y luego gira otra vez para ir por el Camino Primitivo hasta Santiago...vamos que al muchacho le quedaba aun un mes de caminata...por ir solo y meditando me dice...a lo que pensé para mis adentros " te vas a cagar, no voy a parar de hablarte hasta que termines el desayuno, vas a aborrecer con razón al ser humano"...unos kilometros más tarde me lo volví a cruzar y por supuesto que me paré y retomé la conversación a medias del albergue.
Era tarde, entorno a las 9 de la mañana. Los peregrinos de a pie han marchado hace bastante, soy el único en ir en bici y me lo tomo con tranquilidad porque algo me dice que el día va a ser largo y duro. Desayuno en el salón comunal. La brasileña ha sido sustituida pora una argentina igual de sugerente, así que la doy un poco de palique (algo que a los argentinos no es muy difícil) pero sé que sin mi gomina no soy nadie, así que cuando se da la vuelta hago acopio de bollitos "gratuitos" me los guardo en los bolsillos y salgo a afrontar un nuevo día.
La cosa no pinta muy bien. Los remedios tomados el día anterior han hecho poco efecto. La pasta que eché al transportin no ha servido de nada. Algo que por otro lado es lógico, al habeer hecho la pasta sin agua. Así que tuve que tirar de mis escasos conocimientos de Física-aprobada-por-hacer-la-pelota-a-la-profe de 2º de BUP, y con los pulpos me pongo a hacer nudos, apaños y vericuetos para darle el mayor agarre. Solución, tirar de carretera para llegar lo antes posible a Leon.
Por otro lado, el masaje que me hizo en la espalda mister Pardeza me sirvió tan solo para ser consciente de que tengo espalda, y la forma que tiene ella de recordármelo es a través del dolor.
Todo ello unido a que cada vez que me llevaba un bocado a la boca, mi estomago y aledaños me decían que sin fortasec no había nada que hacer. Pero fortasec no teníamos en el botiquín. Mal asunto.
No me quedaba otra que continuar y observar la Cordillera Cantábrica a mi derecha y a mi izquierda los Montes de Leon. Montañas imponentes, nevadas y con ciertos aires místicos y misteriosos, reflejos de un pasado no muy lejano, en el que el hombre las miraba con temor y curiosidad por ser lugares aun por descubrir... lo que hace estar solo y enfermo.
Continuo mi camino por carreteras locales y pistas asfaltadas, llegando al pueblo de Mansilla de Mulas. El transportin tiene los minutos contados, y mientras compro una manzana en una tiendecilla atiborrada de peregrinos, me pongo a charlar con unos tíos muy majos. Son unos vascos que han semisecuestrado a un coreano. El pobre de Kim dice que "si" a todo lo que Patxi y Andoni proponen...a gritos. Resulta que estos dos vascos se dedican a la siderurgia, y al ver la carnicería que tengo montada en el transportin, bueno más bien chatarrería, se les da la vuelta a la piel, les salen pústulas de la cara, ampollas en los pies, callos en las manos...vamos que se indignan con el control de calidad de los fabricantes, las soluciones de tres al cuarto y en por qué no echaron en el petate un soldador para haberme solucionado el tema...porque con dos puntitas de aluminio eso me llegaba a Santiago, tocaba en la catedral y me tiraba pa´Bilbao con el Compostela subido a las alforjas. Yo mientras me comía mi manzana ojiplático ante la situación. Por cierto, a uno de los vascos le habían robado la cartera y tenía que llegar por la tarde a Leon, antes de que cerraran las Cajas, para hacerse una tarjeta nueva. Eran las 12 del mediodía y estábamos a unos 30kms de la ciudad. No dudaba de que llegarían.
Continué mi camino aun pensando en la situación que había vivido. Dos vacos siderúrgicos haciendo el camino con un coreano, profesor de universidad de su país.
Increiblemente no rompí el transportin hasta mi llegada a León. Llegada eterna, subida de un kilómetro, polígono industrial, autovía, callejuelas, baches, y a cada golpe con el asfalto la sensación de que se me iba a desparramar todo el equipaje. Necesitaba localizar urgentemente una farmacia, una tienda de bicis y el albergue.
Las nubes se cerraban amenazantes sobre la ciudad, y bueno, se puso a llover estando en la ciudad, como también se me rompió la chatarra...vivir para ver. La farmacéutica muy amablemente me explicó como tomar mis pastillitas para no volver al baño en la vida, y a su vez donde encontrar una tienda de bicis. Y en dicha tienda me metí, con todo el equipo, empapado por la tormenta primaveral, y con un pastor aleman oliéndome la entrepierna....lo que me faltaba, que me mordieran la pichurrina.
Estaban cerrando, pero saqué mi desparpajo habitual y conseguí, ya no que me arreglaran la bici, si no que además me habilitaron una zona para poder cambiarme de ropa y así ir andando tranquilamente al albergue. Que simpático es este chaval, parece mentira que sea de Madrid, me comenta el dueño. Simpático sí, hasta que volví para pagar y recoger la bici...100€!!!!
Antes de esto último, salí andando en busca del albergue. Con una tranquilidad enorme al saber que lo del transporte hasta Santiago estaba solucionado, ahora lo siguiente era lo de la tripita. Eso fue otro cantar, porque cuando pensaba que la cosa iba a peor, no se me ocurre meterme entre pecho y espalda un menú del día leones. Es decir, que me dejé una pasta y la comida no salió del restaurante.
Llegada al albergue agonizando y pensando como coño iría dentro de unas horas a la otra punta de la ciudad a por una bici. Ni p.... gana.
Entro en mi habitación y veo que está ocupada por dos personas. Veo sus apaños y enseres y me supongo que serán dos tios. Me duermo. Oigo ruido. Alguien entra en la habitación. Disimuladamente abro un ojo. Descaradamente abro los dos. Porque dos son las mujerones que han entrado, brasileñas para ser más exactos. Y una tiene aquarius en una mano y bolsa de la farmacia en otra. Tiene cagalera como yo. La vida no puede ser más romántica. Le echo cara a la cosa y las doy la espalda. Ya si eso en otro momento de la tarde las digo algo. Ese momento llega al darme cuenta que me he dormido con 3/4 de cuerpo fuera del saco...duermo en calzoncillos... Asi que ya que las he mostrado mi exterior, las muestro mi interior...charlamos y quedamos en hacer la compra para la cena...arroz blanco, jamon york....Asi que, una hora después, Felipe está en un Mercadona con dos brasileñas comprando algo para cenar. Casi se me olvida la bici en el taller. Salgo a toda leche a por ella. Vuelvo al albergue y oigo gritos en la habitación de al lado....KIM KIM KIM NOS VAMOS A CENAR...ÑAM ÑAM...pobre Kim, que no entienda el español no significa que esté sordo. Saludo a mis colegas vascos. Nos alegramos por haber solucionado cada uno nuestras cosas. Y ceno con mis amigas-por-un-dia brasileñas. Unas cuantas risas, algo de complicidad, conversaciones acabadas a los 30 minutos...a dormir y....a escuchar como roncan. Solo espero que no se les escape nada por abajo....:)
En un día como este de das cuenta la de vueltas, giros y cambios de sentido que puede dar la vida, tanto para bien como para mal. Me recordó a esas etapas alpinas del giro o del tour, donde el que desfallece luego se recupera y el que va muy bien al final la acaba pagando. No te puedes confiar ni tampoco dar por vencido. Tan solo tirar hacia delante, agarrar con fuerza el manillar, subir piñon si la cuesta es dura, y dar las pedaladas justas si es cuesta abajo.
Sahagun-Leon. 55kms. El único día en el que pensé en que cuanto más me acercaba más me alejaba de mi destino.


jueves, 28 de abril de 2011

El Viaje de mi Vida. Etapa 4






Hace unos cuantos días que no escribo la crónica bicigrina, falta de tiempo, ganas o demasiados derbys. Ayer fue el enésimo, victoria azulgrana en el Bernabeu, merecida pero con muchas sombras...sobretodo en la actitud de los deportistas, continuamente en el suelo, quejándose de golpes inexistentes, teatreros, exagerados...mostrando al mundo lo contrario de los valores deportivos de fair play, superación o respeto hacia el adversario y la afición. Me venía contínuamente a la cabeza y, por descontado a la boca, las comparaciones con el ciclismo. Ya sé que soy muy pesado con esto, pero por encima de mi madridismo está mi ciclismo, y el ejemplo que dan tanto los profesionales como los globeros como yo, es que si te caes, te levantas y continuas...y creedme, una ostia en la bici no es como un plantillazo de Pepe.
Algo parecido me pasó en esta cuarta etapa y en las venideras. La noche en el albergue-colegio del horfanato no fue tan terrorífica como esperaba y dormí como un lironcito, surtió efecto el ibuprofeno y la crema reflex, dolores sí pero pocos. Un despertar natural, sin alarmas ni nada, rayos de sol filtrándose por las cortinas, los gallos y las golondrinas comunicándose entre ellos, algún tractor y yo apunto de caerme porque se me olvidó que dormía en una litera.
Me visto con la segunda equipación....ya que la primera está secándose, voy al jardin botánico trasero de la casa, cogiendo la llaves de la misma, que como se me olviden dentro si que la cago pero bien, y nada, la ropa igual de mojada que el día anterio...puñetero rocio mañanero. La engancho a uno de los multiples pulpos y cuerdas que llevo atrás. Estiramientos. Isostar en los botes de agua. Engrasar un poco la cadena. Bollo y pieza de fruta. No creo que el bar Oasis esté abierto después de que ayer le hiciera trasnochar, así que a desayunar en el siguiente pueblo, Medina de Rioseco, 11 kms por carretera mejor que por caminos, que hay hambre y los caminos no creo que anden muy bien, y más al ver los peazos de charcos que hay junto a la carretera, que creo que en más de uno había un socorrista.
Al fin una ciudad o sucedáneo de ella, Medina de Rioseco. Lugar interesante, aunque como diría mi amigo Txurren, ciudad de 1hora, es decir que en una hora las has visto y a otra cosa mariposa. Es curioso, pero desde Segovia no había pasado por una localidad con más de mil habitantes, y el cuerpo como que se me había acostumbrado a la tranquilidad y la paz campestres. Aquí el mero hecho de ver coches en doble fila, o una cuadrilla de peones abriendo las aceras me hizo sentir como Cocodrilo Dundee por las calles de Nueva York. Necesitaba un café con tostadas imperiosamente. Localizada la cafetería cuyo nombre no recuerdo pero no así el trato recibido dentro y su decoración, me introduje en la misma, no sin antes negar a un vendedor de la ONCE un cupón, pero ni corto ni perezoso le digo que me vigile la bici mientras desayuno....fue sin querer. Yo veia ladrones por todos lados, vamos que era un Paco Martinez Soria....que fácil es ruralizarse. Dentro parecía que había viajado a la españa de finales de los setenta. La cafetería no tenía paredes pintadas, estaban de madera cutre hasta arriba, sillones de sky, la barra forrada de cuero...yo de un momento a otro pensaba que entraba Jose Luis Lopez Vazquez por la puerta, piediendo desayuno para 10.
Me las piré sin decir adiós y mucho menos dejando propina...que malo maloso...y aquí me surgía una diatriba. A partir de aquí había 3 posibilidades de continuar el camino, y no era una en coche, otra en bus y otra a lo Moonwalker. Era por distintos caminos y uno de ellos era el del Canal de Castilla. Elegí este último por suerte, ignorancia o tropiezo. Fue otro momentazo del camino. Había circulado por carreteras, senderos, pistas, arenales, barrizales, entre montañas, subiendo puertos... pero me faltaba el circular por un Canal, y la verdad que es bonito, sobretodo visto desde fuera. Pedaleas a la sombra de álamos y olmos, un paraiso estrecho y largo que atraviesa durante kilometros una Castilla llena de cultivos de secano.
Tras unos breves kilómetros silvando por este camino se acaba lo bueno y aparece de nuevo la flecha amarilla indicándome que debo abandonar el Canal de Castilla. Siguiente pueblo Tamariz de Campos, que se ve en la lontananza siguiendo la línea recta del camino. Tras este pueblo semiabandonado, con numerosas ruinas reflejo de un pasado señorial, comienza mi periplo por pistas y carreteras, de contínuos subeybajas, de mirar a los lados y atrás con la duda enorme de que vas en la dirección errónea, de echar mano a mis hojas de la guia campsa, cada vez en un estado más lamentable por cierto, y de cagarme en el tío que se encargaba de pintar las flechitas amarillas...lo mismo alguna la pintó en el culo de una vaca, y claro, la vaca se mueve, y sobretodo, porque qué hay detrás de la vaca que ríe....un toro que empuja....;)
Fue por estos caminos arcillosos donde me pasó quizás la anécdota más entrañable de todo el camino. En mi pedaleo sin dirección y sin decisión, se me cruzó un pajarillo, quizás un zorzal o un tordo, había muchos como ese por allí. El bichejo en lugar de asustarse y desaparecer al acercarme yo, salía volando y se adelantaba una veintena de metros, posándose de nuevo en el camino, así sucesivamente durante un par de kilómetros, curiosamente hasta ver al fondo una localidad llamada Villalón de Campos, justo por donde tenía que pasar. Otro ni se habría dado cuenta, seguramente yo tampoco, pero en ese momento sí y lo pensé luego detenidamente mientras me comía mi bocata de fiambre de la tierra..."la de señales que nos da la vida y no nos enteramos".
Un pueblo bonito este de Villalón, con su iglesia monumenta, su pináculo, sus calles empedradas y su hombre de la garrota señalándome para donde tirar. Cuidado con esas garrotas porque las carga el diablo. Es increible pero ya estoy practicamente en la provincia de Leon, tras 4 etapas y más de 350kms. Parece que han pasado semanas desde que salí de Móstoles y la felicidad me embarga. Tengo la sensación de estar más cerca de finalizar felizmente mi viaje que de acabar antes en Móstoles.
Sahagún está cerca, el Camino Frances me espera, no hace el mal tiempo que se avecinaba, me encuentro de lujo y voy a llegar con tiempo de echarme una siesta. Mp3 a tope, James Holden llena mis tímpanos, aprieto los dientes y casi levanto los brazos al llegar a Sahagún, después de una recta eterna paralela al rio Valderaduey. Me las prometo felices.
Voy al clásico albergue que en su día fue un monasterio o algo así, pero aparece un paisano y me dice que hay un albergue mucho mejor a las afueras.Yo como me hago caso de todo el mundo me voy donde me dice, sobretodo tambíen porque me comenta que lo regenta una brasileña que está tremenda. Son 4 días en alta mar y la carne es débil.
Al ver el albergue dudo si por la noche tendrá luces de neon rosaceas intermitentes, porque madre mia que garito, que esculturas en la entrada, que colores magentosos, que gente más rara. Solo faltaba yo. El dueño me recibe como si fuera Lawrence de Arabia, faltan unas niñas virgenes tirando pétalos de flores a mi paso...me siento agasajado y querido a su vez, que raro es todo. Más aún cuando, sin saber por qué, me quejo de mi espalda. El dueño no tarda en decirme que me dan un masaje y listo, lo dice mirando a la brasileña, yo la miro, creo que me ha guiñado un ojo, estaré mareado, ella estará enferma o ciega, me miro, doy asco...me ducho, veo una camilla al salir de los baños, me dice el maromo que me tumbe bocabajo, desaparece, rezo porque aparezca ronaldinha, pero aparece Pardeza y me deja fino catalino, me sumará el servicio al coste de la estancia, cago en to...ya estoy en la ciudad y me engañan.
Paseo por el pueblo mientras me apañan la bici en una tienda. Crisis. Es una hora dando vueltas por un pueblo de visita obligada de 30 minutos. Llegó a la tienda y me comenta que la bici de lujo pero el transportin con su arandela del 15 puesta por Javier en Valsain, tiene los días contados. Está rajado de tal manera que se va a romper mañana a las 9 en punto, justo cuando salga del albergue. Soluciones:
a) Esperar a mañana por la tarde que me traen ellos un transportin
b) Comprar una mochila y llevarlo todo en la misma
c) Buscar un taller de aluminio para que me lo suelden
Opto por la c. Me voy al polígono industrial del pueblo, es decir, dos naves que curiosamente hacen lo mismo, trabajar el aluminio...pero en este caso, no el mío. Un muchacho de descendencia romana, porque vaya manos que tenía, me comenta que para aguantar hasta Leon(50kms) le compre una pasta que se vende que sirve para pegar metal, y un poco de cinta americana. Así que vuelvo al pueblo a toda leche, porque son las 19:45 y cierran a las 20:00, si no lo han hecho ya, y localizo la ferretería. La muchacha, muy amable, me explica varias veces como usar dicha pasta, y a puntito estoy de hablar en tono Forrest Gump para que me lo hiciera ella, lo de la pasta digo....;) pero no cuela. Vuelvo al albergue, anochece, hace frío, tengo hambre y me siento como que estoy incubando algo y no es nada bueno. Que puto stress. Uso el mejunje ese sabiendo desde el primer momento que no va a funcionar para nada, y más cuando pasan unos peregrinos forasteros, que dicen algo en su idioma y señalando mi causa perdida con un tonito más que dudoso.
Sea lo que sea, lo dejo estar...guardo mis cosas, arranco el facebook que lo tenía abandonado y....emoción es poco. Veo mogollon de comentarios de ánimo, apoyo, chascarrillos, joder que fuerza da eso. Y todo gracias a las crónicas Txurreniles. Mi buen amigo Luis me llamaba todos los días y yo le comentaba las jugadas, y el muy grande las escribía luego en el Face, todo ello mientras yo no me enteraba de nada y pedaleaba cantando un la la laaaaaa.
La verdad que gracias a eso y a la experiencia adquirida en estos días me preocupaba muy poco lo de la bici, si se jodia como si no, llegaría con lo puesto, con mochila, andando o haciendo el pino puente, sabía que ese viaje lo iba a terminar.
Minutos despues, cenando una hamburguesita, dicha seguridad se vino abajo. Todos los días habia tenido problemas mecánicos pero ninguno físico, prefería los físicos a los mecánicos, pero ahora que veía que por la banda izquierda aparecía la señorita flora intestinal me asusté un poquito. Mala noche? para nada, lo dicho anteriormente, la experiencia adquirida y la capacidad para no pre-ocuparse me vino muy bien para dormir en un albergue lleno de peregrinos con un monton de vivencias, aventuras, sufrimientos e historias.
Castromonte-Sahagún. 80kms. De Valladolid a Leon. Por fin el Camino Frances, este sí que me lo conozco bien. A partir de ahora a practicar mi ingles.

Por cierto, los peregrinos foráneos que me refería antes eran catalanes, y que gran falta de respeto hablar de mi, delante mía en su idioma. Así mal vamos.

jueves, 21 de abril de 2011

El viaje de mi vida. Etapa 3











Nos acostamos pronto, aproximadamente a las 11 de la noche. Mi compañero a las 11:05 estaba durmiendo, y a las 11:06 ya estaba roncando, menos mal que me avisó y me recomendó que durmiéramos con una cama de por medio para que no me molestara sus ronquidos...y por todos es sabido que las camas y en especial las literas, son unos elementos aislantes cojonudos. Así que al principio me pareció gracioso pero luego ya era como en los dibujos animados, una habitación a oscuras y unos ojos abiertos, con unas venitas rojas irritadas. A las 6 de la mañana Ovidio se preparó y marchó una hora después, ahí aproveché para intentar dormir un par de horas en condiciones y vuelta a la rutina...abrir y cerrar de cremalleras, ruido de bolsas, buscar una muda seca, calcetines limpios y directo al bar para desayunar como es debido.
Es la tercera jornada y ya empieza uno a resentirse físicamente. La verdad es que de fuerzas andaba bastante bien, quizás mejor incluso que al principio, pero en cuanto al tema posaderas...cada vez que montaba en el sillín me venía a la cabeza la imagen de los culitos de los chimpancés, rojos, hinchaditos y bastante asquerosillos, la verdad...
Al no haber ninguna guía escrita de este camino, yo durante un árduo y duro proceso de documentación sobre el mismo, la noche anterior antes de salir de Móstoles me apunté las cosas a tener en cuenta, hostales, albergues, tiendas bici, kilómetros, puertos, etc... puntos peligrosos y posibles errores que cometería.
Uno de ellos se encontraba en esta etapa. Me adentraba en la Tierra de Pinares, una zona reforestada de Castilla en la que al igual que se practica el cultivo de secano como el de regadío, también se plantan pinos, y por favor no hagamos bromas al respecto. Así que, yo que me esperaba paisajes secos, yermos y sin sombras, resulta que me encontré auténticos vergeles y oasis en mitad del desierto. Y os preguntaréis donde está el peligro de los pinares...pues no en ellos, ni en la posibilidad de que te callera una piña encima, sino que al ser una tierra de aluvión (no de alubias grandes), donde confluye cantidad de ríos nacientes en el Sistema Central, pues la tierra y los caminos son auténticos bancos de arena. Los caminos se convertían en verdaderas dunas, siendo imposible pedalear y yendo más de una vez al suelo sin darte tiempo a quitar el pie de la cala.
Recomendaban ir por la carretera, pero era por la mañana y tenía ganas de perder el tiempo, con lo cual derechito a los caminos entre pinares. Y bueno, a veces era bastante frustrante el poner pie en el suelo, andar 1 km con arena hasta los tobillos pero también era de agradecer el poder respirar los olores de un pinar en primavera, oir los pájaros carpinteros, el cantar del cuco o que te sorprendiera el batir de alas de un águila despistada casi encima de mi cabeza. A todo esto me encuentro con mi "buen amigo" Ovidio, no puedo evitar pararme con él, darle un toquecito de atención, preguntarle como su mujer sigue viviendo con él, y compartir unos cuantos dulces y un trago de zumo. Una foto de despedida y sigo con mi camino.
Durante kilómetros transcurro paralelo al río Eresma, el cual forma un profundo cañón en mitad de la llanura castellana, y provocando una mezcla de bosques de rivera, encinas y pinos a sus márgenes. Sin darme cuenta, ha sido mi compañero y lo será durante muchos kilómetros, desde su nacimiento en Valsaín hasta su desembocadura cerca de Tordesillas.
Atravieso la monumental localidad de Coca, aquí es donde dormirá Ovidio. Son unos 25kms desde que he salido y le admiro, porque en bici es duro, pero andando el camino es duro y eterno.
Según la guia hay una bajada suave hacia el río Voltoya y de ahí una subida igual de suave y se continúa por la llanura castellana...y unas narices, que en esa cuesta creo que me puse a hablar en paralelo con una hormiga, y la tía iba cargada con una cáscara de pipa y todo...
A partir de ahí nada de nada...rectas y más rectas, atravesar de pueblos semiabandonados, establos, más rectas, una discoteca en mitad de la nada y con muy buena pinta "Studio 54". Miré el gps, 30 kilómetros de apenas nada, viéndome en la obligación de avisar al bueno de Ovidio, de que comprara de todo en Coca porque por allí solo iba a vivir de piñones, espárragos trigueros y el agua de los charcos.
Creo que la edad media de las personas con las que me crucé rondaba eso...La Edad Media, una auténtica pena el abandono del campo hacia las ciudades, aunque dicen ahora que con lo de la crisis la gente se vuelve para el campo, aunque yo creo que es para robar cobre, melones y borregos.
Y en mitad de ese aislamiento del hombre veo una recta larga, un camino que parece en buen estado, a su izquierda cultivos verdecitos y a su derecha el barbecho y un sistema de regadío, parece que con poco uso. Pero es como cuando a un animal capullín se le pone un trozo de carne jugosa encima de unas hojitas verdes y virginales, se mosquea, olisquea, mira alrededor y al final puede su hambre y su ego y salta a por la comida fácil....ZASSSSS...agujero en el suelo y ahí se queda. Pues a mi me sucede algo parecido, pero sin comida ni nada. Fueron no más de 200 metros, yo con mi musiquita technohouse a tope, cuesta abajo, la la laaaaaa... y noto que no avanzo, que algo me tira para atrás, algo me salpica las piernas, los brazos, la cara...barro, barro en cantidades industriales, tanto que la bici se atranca, la cadena desaparece en el lodo, hay tanta tierra en el transportin que la tengo que quitar a dos manos, vamos que podía haber hecho una tinaja. Al fondo veo a un labriego con su tractor John Deere, le hago gestos con las manos para que se acerque, y el tío muy majamente lo hace. Sin parar el tractor y mucho menos bajarse me dice que el único sitio con agua por allí es una gasolinera que está a unos 5 kilómetros, asi que nada, 5 kilometros andando y cagándome en todo. Aprovecho para explicar que si me hubiera puesto a dar pedales, me habría cargado cadena, rodamientos...y por allí no había muchas posibilidades de encontrarse con otro Javier de Valsaín. Pues nada, 5 kilómetros aguantando moscas, avispas, ruido de coches y rezando que en la gasolinera hubiera lavado a presión.
Solucionado el tema y engrasada la bici, prosigo la marcheta. Es el mediodía y el calor aprieta. Llego al río Duero a su paso por Puente Duero, y me meto un platazo de macarrones con chorizo que quita el sentido. La verdad es que estoy feliz. Al principio empecé con un nudo en el estómago, angustia por el que pasaría y sobretodo, si lo que pasara se podría solucionar, averías, lesiones, caidas o perderse... Y al ver que todo ello, efectivamente, me estaba pasando pero aún así lo iba afrontando, solucionando, solo o con la ayuda de la gente, te hace ganar en confianza y a su vez en disfrutar del viaje.
Es en estos momentos, cuando te da por filosofear, no por culpa de los macarrones, si no porque estás comiendo solo, en un sitio desconocido y tu única compañía es la cámara de fotos, el gps y el móvil. Es ahí cuando aprovechas para llamar a todos los amigos que estan pendientes de mi, que igual que se sorprendían de mis avances y mis aventurillas, yo también me sorprendía y me emocionaba al escucharles y sentir su cariño y aprecio hacia mi. Gracias a Auñon, Santi, Txetxu, Txurren...
Bueno que me pierdo... y me perdí de verdad. Al llegar a Simancas, que muchos lo conoceréis por ser el lugar donde está el archivo real, y que yo lo recordaré por la cuesta del 10% para superar la depresión producida por el río Pisuerga. Yo no sé si en esa cuesta, con los macarrones todavía atravaseando el duodeno, nublaron mi vista, pero perdí de vista las flechas amarillas, empecé a preguntar a los paisanos, pero por allí solo estaba el Pali, el Fandi y el Vaquilla buscando algun poblado chavolista. Así que tiré de mis mapillas arrancados de la guia campsa del 97, mi poder de orientación y de mi manía como hombre de no volver a preguntar. Miré el mapa, miré la carretera, volví a mirar el mapa, lo guardé y dije..."por ahi!"... y despues de atravesar la Tierra de Pinares me comí todos los Montes Torozos, que no son muy altos pero si muy puñeteros, di un rulo de unos 20kilometros, subiendo dos puertecillos que no tenía por qué haberlo hecho. Y os preguntaréis por qué lo sé, pues muy sencillo, porque pregunté a dos ciclistas a posteriori y los muy majetes me indicaron por donde ir y me recalcaron que lo que había hecho era una estupidez, en otras palabras, pero una estupidez al fin y al cabo.
Eran las 6 de la tarde y quería recuperar lo perdido en el primer día, con lo que continué un poco más. Error. Apunté mal un albergue y después de pasar el pueblo donde tenía planeado dormir, decidí dormir en el siguiente que también tenía albergue...pues no, no lo había y aparte para llegar a ese pueblo, no lo hice por otro sitio que recto, como los burros, asi que sendero al 20% entre piedras, me bajé de la bici, cagándome en el pueblo, en el sendero, en mi y en el pavo que se estaba fumando un porro a la entrada del pueblo y quien me dijo que el próximo albergue estaba a 20kms...
7 de la tarde y un poco agobiado, tiré de carretera, apreté los dientes y los ultimos 20 kilometros los hice a tope con temor de que cerraran el albergue o vete tu a saber. Acerté con ello, porque el albergue estaba abierto, ya que el que lo cuida vive al lado, pero el único bar del pueblo estaba cerrado y lo lleva un abuelete, que si llego un poco más tarde el pobre hombre se habría acostado y habría cenado entonces barritas muesli con un ciruela reseca.
Bar Oasis, te cagas, y dentro como si estuviera en la serie "la señora". De cenar la mujer del abuelete me hizo filete de lomo con dos huevos, no había más para elegir y me sentó de miedo, les cogí el mando de la tele, puse el inter-barÇa de la champions, la gente del pueblo vio que estaba abierto el bar y se metieron a verlo, unos chavales de 15 años se pusieron a mi lado a verlo y beber anís, la abuelita a mi izquierda se me quedó dormida, el abuelete diciéndome que esa tierra estaba abandonada a su suerte, y yo asintiendo porque era y es verdad.
Les dejé en su bar Oasis, paseé por las calles del pueblecillo, Castromonte, en su día un pueblo importante, hoy sombra de lo que fue, charlando con Auñon y despertando a todos los perros del pueblo. Y dándome cuenta que lo que no quería era ir a dormir, porque el albergue era un antíguo colegio de la república, con capacidad para 20 personas y estaba solo... Iker Jimenez ha hecho mucho daño en mi cabecita y solo veía niños de la guerra paseando con babys y arrastrando cadenas...
12 horas sobre la bici. 130 kilómetros. Amanecí en Tierra de Pinares, viendo en la lontananza el Sistema Central, atravesé los Montes Torozos cerca de Valladolid, crucé el rio Duero y finalicé en la Tierra de Campos, observando a lo lejos la Cordillera Cantábrica. Gelocatil, galleta de chocolate, trago de aquarius y cadena Ser a tope para no escuchar nada en esta sala.